¿Cómo los Qing llevaron a China a su edad de oro en los siglos XVII y XVIII?
Foto: Bandera de la dinastía Qing
La dinastía Qing instaló el poder manchú sobre China y la llevó a su máxima expansión y apogeo entre los siglos XVII y XVIII. ¿Cómo lo lograron?

En 1644, el último emperador Ming se ha suicidado, el líder campesino Li huye hacia el sur y en Beijing entran las tropas manchúes. Pero, ¿quiénes son los manchúes? Hacia fines del siglo XVI, una región al noroeste de la Gran Muralla empieza a ser habitada por masas campesinas Han. La región es Manchuria, hogar de los Jurchen, pueblos nómades emparentados con los mongoles. El ejército Jurchen es eficaz y temido. De entre sus clanes surge Nurhaci, un líder guerrero que unifica todas las tribus. Su hijo consigue la adhesión de los mongoles y erige un sistema político similar al chino, colocando a los Han que habitan Manchuria, en puestos administrativos. Al sur de la muralla las rebeliones campesinas derrotan a los ejércitos imperiales hasta tomar Beijing. En las guarniciones de la muralla, el general Wu Sangui duda. Apoyar a Li o pedir la ayuda de los manchúes. Se decide por esto último y las tropas del príncipe regente Dorgon atraviesan la Gran Muralla. Toman Beijing y en lugar de restablecer la dinastía Ming, dan inicio a la dinastía Qing. 

En poco tiempo todo el norte de China está bajo control extranjero. Para ejercer su dominio, los manchúes toman una serie de medidas tendientes a dejar en claro el nuevo estado de cosas. En 1645 segregan Beijing en una ciudad Han y otra manchú. Los varones adultos chinos son obligados a raparse la cabeza y atarse el pelo hacia atrás en trenzas a la usanza de las estepas. Se suceden las matanzas y las confiscaciones de tierras, y miles de hectáreas son entregadas a los oficiales invasores. Para consolidar su dominio sobre poblaciones vastas, la nueva dinastía convoca a los Han nacidos en Manchuria y les entrega los puestos intermedios de capataces, oficiales y administradores. Son conocidos como “gente de la casa”, booi en manchú y baoyi en mandarín. Su presencia desplaza la facción de los eunucos, que no tendrán nunca más el poder que tuvo en el reino Ming. 

Pero no toda China es manchú. Las provincias al sur del río Yangzi se oponen a los invasores. Entre 1644 y 1662 la dinastía Ming del Sur fomenta la resistencia patriótica. Los antiguos funcionarios imperiales, seguidores de la tradición Donglin se vuelcan al patriotismo y desarrollan tradiciones académicas de reflexión política en auxilio de los Ming.

En 1662 Wu Sangui conquista el último foco de resistencia y se convierte en gobernador. No obstante en 1674 se declara en rebelión y funda la dinastía Zhou que durará hasta 1681 cuando será sofocada. En 1683 los Qing conquistan Taiwán y tres años más tarde firman el primer tratado con la Rusia zarista que fija límites fronterizos al norte. Para finales del siglo XVII China está unificada bajo un mando centralizado, lista para expandirse a las estepas circundantes como nunca antes. En 1691 las tribus de Mongolia Interior juran lealtad al Emperador y entran en el mapa imperial. En 1705 se inician campañas bélicas  sobre Tíbet aunque será  conquistado recién en 1751. Siete años después, en 1759 se produce la conquista de Xinjiang. 

Esta unificación y expansión vino acompañada de una serie de reformas políticas tendientes a ocultar la procedencia extranjera de los nuevos regentes y fomentar la simpatía del pueblo por el nuevo Estado. En el siglo XVIII los tres grandes Emperadores Kangxi, Yongzhen y Qianlong con sus reformas harán de China el país más rico de su tiempo. En primer lugar ponen fin a la segregación. Los siervos Han, que estaban atados a las tierras poseídas por los oficiales manchúes, son liberados de su yugo. Se les reparten tierras de cultivo y se le baja la carga tributaria a todo el campesinado.

Emperador Qianlong

Los cultivos americanos ganan nuevo terreno en la agricultura y el clima benigno de este siglo produce una explosión demográfica. La población, que hacia 1741 había descendido a 143 millones, asciende a 300 millones de habitantes para finales del mismo siglo. La producción  de telas, azúcar, porcelana, manufacturas y té alcanzan nuevos récords y la exportación a Europa se mantiene en alza. Para el comercio, se erige en 1757 el sistema Cantón de puerto único, en el que los mercaderes extranjeros no tributarios compran bienes a precios fijados por el Estado. Las transacciones se realizan intermediadas por los Co Hong, familias chinas asignadas a esta función. De esta manera, la exportación de bienes y la importación de plata se mantiene en el tiempo, sin permitir la importación de otros productos ni la entrada de europeos. La excepción son los misioneros jesuitas a quienes se les permite habitar únicamente en la Ciudad Prohibida a condición de no salir jamás ni predicar su religión. Uno de ellos, sin embargo, se aventura en Jingdezhen como espía y roba el secreto de la porcelana. Con ello, pone fin a los mil años del monopolio chino sobre este valioso producto.

A causa de su origen extranjero, los Qing fomentan el neo-confucionismo como principal doctrina del Estado, para legitimarse. De esta manera buscan atemperar las tendencias patriotas provenientes de los últimos Ming, ganarse el favor de la población y acostumbrar de nuevo a la sociedad china a la moral de la obediencia. Se fomentan las publicaciones de clásicos y traducciones de estos al manchú y el mongoli. El emperador Qianlong ordena la compilación del Siku quanshu, una enciclopedia compuesta de 79.582 volúmenes dedicados a la historia, los clásicos, la filosofía y la literatura. Pero al mismo tiempo persigue a la intelectualidad disidente y manda quemar las obras que denostan a los bárbaros del norte y su historia. El confucionismo, como instrumento de legitimación imperial se vuelve indiscutido, pero también la procedencia de los regentes. Sin embargo, esta rigidez cultural en el mundo Han, muta cuando es necesario. Por ejemplo, para ganarse el favor de los tibetanos se promueve el budismo lamaísta, mientras que en Manchuria se pretende mantener fomenta la “pureza” de raza y lengua.

En 1799 muere el Emperador Qianlong. Con él la dinastía Qing alcanzó su cenit. Desde 1644 hasta 1799 han pasado 155 años. Pero una vez más, este poderío tendrá desafíos que lo irán debilitando en los años siguientes. El siglo XIX, lejos de la grandeza del XVIII, será conocido como el siglo de la humillación. 

En conclusión, la invasión manchú fue marcial en el norte las primeras décadas a la vez que combatía la resistencia en el sur. Pero una vez unificada China, los Qing la llevarán a una de sus mejores páginas, favorecidos por climas benignos, crecimiento poblacional, reformas en favor del campesinado, una política cultural confuciana, expansionismo territorial, producción masiva de bienes y el control del comercio.