Australia y China escalan en la crisis de su relación bilateral
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La última semana la canciller australiana, Marise Payne, afirmó que su país no formará parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. También el ministro de Defensa, Peter Dutton, opinó sobre un posible conflicto entre China y Taiwán. Desde Beijing responden y aplican represalias.

La crisis comenzó con Huawei y el Covid-19

La relación se comenzó a deteriorar desde 2008 cuando el gobierno australiano excluyó a Huawei del desarrollo de la conectividad 5G. Siguiendo los pasos de la administración Trump en Estados Unidos en esa ocasión la excusa del gobierno australiano fueron cuestiones de seguridad local.

En 2020 la relación bilateral entre ambos países escaló en tensión cuando el gobierno australiano se sumó a la campaña internacional impulsada por el gobierno norteamericano para que se investigue en China el origen de la pandemia del Covid-19. El primer ministro, Scott Morrison, fue uno de los voceros globales que pretendió atribuir la responsabilidad por las consecuencias de la pandemia al gobierno chino.

Como represalia a estos ataques desde Beijing se respondió con una serie de sanciones económica focalizado en los productos que se importan desde Australia como el vino, la carne vacuna y la cebada.

Ahora la crisis continúa con la Iniciativa de la Franja y la Ruta y Taiwán

Un nuevo episodio del conflicto llegó el miércoles pasado cuando Marise Payne, canciller de Australia, anunció que el gobierno federal anularía la decisión del gobierno regional de Victoria de formar parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Desde Beijing se respondió a este anuncio tildándolo como una provocación.

Los acuerdos firmados por el gobierno regional de Victoria con la República Popular China serán anulados a partir de las nuevas leyes que fueron impulsadas por el gobierno federal este año que reduce la capacidad de los gobiernos regionales de establecer acuerdos con otros países. A partir de los ataque de Australia, desde el gobierno chino se refuerzan las represalias.

Un ejemplo de estas represalias son el refuerzo de los controles fitosanitarios a la importación de productos australianos como las uvas. El 41,3% de las uvas exportadas por Australia tienen como destino al gigante asiático, las demoras y trabas al comercio afectan seriamente a su economía. Ejemplos similares se dan con la disminución de importaciones chinas de productos como algodón, cebada y mariscos. Este tipo de presiones comerciales llevaron a que en diciembre de 2020 el gobierno australiano pida una investigación en la OMC contra China por el aumento de aranceles a sus exportaciones.

Song Wei, investigador asociado a la Academia China de Comercio Internacional y Cooperación Económica declaró que: “Las empresas de ambos países tienen expectativas negativas para la cooperación económica y comercial entre China y Australia. No solo los exportadores de uva australianos lo tomarán en serio, los inversores chinos también buscarán activamente mercados alternativos, lo que afectará directamente la inversión directa de China en Australia”.

El último episodio del conflicto bilateral comenzó el domingo cuando Peter Dutton, ministro de Defensa de Australia, declaró en una entrevista televisiva que un conflicto entre Taiwan  y China “no debería ser descartado” y que su país hará lo posible para evitarlo. Esta declaración fue enmarcada por el gobierno chino como parte de la escalada de tensiones. Por esa razón este lunes el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin, instó a que Australia respete el principio de una sola China y su integridad territorial. Wang declaró: “Nosotros estamos dispuestos a hacer todo lo posible para luchar por una reunificación pacífica pero nunca permitiremos la posibilidad de ninguna forma de actividades separatistas de ‘independencia de Taiwan’”.

China es el principal socio comercial de Australia. La escalada de tensiones puede afectar seriamente a las perspectivas de su economía y favorecer a las exportaciones de otros países de América Latina. Además, Australia corre el riesgo de aislarse de las principales economías del sudeste asiático que evitan los conflictos directos con China. Las alianzas históricas de Australia y la afinidad con las estrategias geopolíticas de Estados Unidos o Gran Bretaña hacía China, pueden transformarse en un claro problema para la estabilidad y la prosperidad económica del país.