Autoridades de Xinjiang hablaron de los logros de la lucha contra el separatismo y el terrorismo
Foto: La Vanguardia
Funcionarios de Xianjiang destacaron medidas de lucha contra terrorismo y extremismo de los últimos años que alcanzaron a “superar la prueba de la historia”.

La lucha contra el terrorismo y el extremismo en la región autónoma Uygur de Xinjiang, en el norte de China, ha dado sus frutos según autoridades locales. En este sentido, afirmaron que llegó a “superar la prueba de la historia”, salvaguardando en la mayor medida posible los derechos humanos primarios de los ciudadanos, según PeopleDaily en español.

Xinjiang es una provincia autónoma de China, en la que conviven varias etnias y grupos religiosos, los tradicionales de china junto a musulmanes que predican la religión islámica. Entre 1990 y 2016, ataques de extremistas islámicos que se lanzaron en Xinjiang dejaron un saldo de miles de personas asesinadas. En Occidente hay muy poco conocimiento sobre estos ataques, debido a que los principales conglomerados mediáticos de Estados Unidos y Europa informaron poco o nada al respecto.

En este sentido, Yalkun Yaqup, subdirector del departamento de seguridad pública de la región, afirmó que “Xinjiang ha tomado medidas decisivas aprovechando la experiencia de la comunidad internacional en la lucha contra el terrorismo, frenando efectivamente una tendencia de actividades terroristas frecuentes”.

Sin embargo, lo que sucede en esta región siempre es foco de tensión entre China y los Estados Unidos. En los últimos años, EE. UU. ha señalado violaciones a los derechos humanos y ha catalogado de “genocidio” las acciones del gobierno chino contra la población musulmana, específicamente contra los uigures.

Incluso llegaron a prohibir las importaciones de productos elaborados en Xinjiang por “trabajo forzoso”.  De hecho, esa fue una de las razones principales del boicot diplomático de EE. UU. a los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing que se disputaron en febrero.

Por su parte, desde la Cancillería China, en reiteradas oportunidades se refirió a las acusaciones de Washington como “una campaña para desprestigiar a China a nivel internacional y reivindicar y alentar el separatismo y el extremismo a nivel interno”.

Además, señalaron que “EE. UU. usa a Xinjiang para fabricar rumores y provocar incidentes y—bajo el pretexto de velar por los derechos humanos— se dedica a manipulaciones políticas y la persecución económica, intentando minar la estabilidad y la prosperidad de Xinjiang y detener el desarrollo de China”.

También, Li Juan, funcionaria del órgano legislativo regional de Xinjiang, detalló que “la región ha formulado y revisado los reglamentos locales sobre desradicalización y sobre la implementación de la ley antiterrorista del país. Estas regulaciones brindan respaldo legal para el trabajo relacionado y protegen los derechos de las personas a la vida, la salud y el desarrollo”.

En Xinjiang se establecieron centros de educación desde donde se fomenta la participación de integrantes de estos colectivos musulmanes y desde 2016 no hubo ataques terroristas en esta región. Esta ha sido una de las políticas para contrarrestar el extremismo islámico que se ha posicionado en contra el desarrollo de China bajo el lema de “una sola nación unificada”, para lo que han usado prácticas similares al del Califato que pretendió instalar el  Estado Islámico en Siria e Irak.

Por ejemplo, el 22 de mayo del 2014, una fuerte explosión se produjo en un mercado cerca de un parque en Urumqi, capital de la región occidental de Xinjiang, dejando al menos 30 personas muertas y unas 90 heridas.

La carrera comercial y tecnológica también es un elemento central en estas idas y vueltas de acusaciones por parte de las dos grandes potencias. Por eso, el Departamento de Comercio norteamericano incluyó en su lista negra a compañías chinas de biotecnología señaladas por “violaciones a los derechos humanos”, bajo el argumento que señala que China creó un sistema de vigilancia de alta tecnología en todo Xinjiang. Dicho sistema utilizaría el reconocimiento facial biométrico y habría tomado muestras de ADN de todos los residentes, de entre doce y 65 años, como parte de un esfuerzo sistemático para reprimir a los uigures.

Sin ir más lejos, Xinjiang es una de las zonas clave de la Nueva Ruta de la Seda, por las que pasan gran parte de los corredores estructurales de la iniciativa: el ferrocarril China-Europa, el Corredor Económico China-Pakistán y el ferrocarril hacia Irán.

En retrospectiva, el argumento del  uso de la  tecnología puede considerarse poco serio si nos preguntáramos: ¿qué pasaría  si esta tecnología de punta fuera desarrollada por EE. UU.? No hay que olvidarse que, si se habla de espionaje,  EE.UU. tiene un reconocido historial por interferir en asuntos internos de otras naciones, mediante el espionaje que perpetró a través de las agencias de Inteligencia.

En relación a los Derechos Humanos, Washington parece tener buen ojo para ver lo que supuestamente sucede a doce mil kilómetros, pero le cuesta ver qué está pasando muy cerca de su despacho, en el territorio que ilegalmente EE. UU. ocupa en la isla de Guantánamo.

No por casualidad, en el encuentro virtual que mantuvieron el presidente chino Xi Jinping con la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que se encuentra de viaje por China, el mandatario del país asiático le pidió no usar el tema de los derechos humanos con fines políticos ni aplicarle una doble vara.

Los temas relacionados con los derechos humanos no deben ser politizados, instrumentalizados o tratados con un doble rasero”, señaló Xi.

En el marco de las tensiones que despiertan entre los países las acusaciones vinculadas a los derechos humanos, la  ex presidenta de Chile se ha mostrado moderadamente diplomática y pareciera no querer generar nuevas tensiones.

Las reuniones con el presidente Xi y los altos funcionarios han sido valiosas para discutir directamente los problemas y preocupaciones de derechos humanos en China y en todo el mundo”, aseguró Bachelet. Y añadió: “Para que el desarrollo, la paz y la seguridad sean sostenibles: los derechos humanos, la justicia y la inclusión de todos, sin excepción, deben estar en el centro”.