Balance estructural del 75° aniversario de la República Popular China

Tras el 75º aniversario de China se realiza un balance desde el desarrollo económico y social en tres etapas: el liderazgo de Mao Zedong, la apertura económica de Deng Xiaoping y la transformación hacia una potencia global bajo Xi Jinping.

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Fuente: política-china.org
En la etapa maoísta (1949-1976) existió un liderazgo ideológico bajo la revolución y el socialismo enfocándose en un modelo de desarrollo autárquico basado en el socialismo, donde la prioridad era la redistribución equitativa y el control estatal sobre los medios de producción. En el ámbito económico podemos destacar dos puntos fundamentales: tanto la colectivización agraria como de la industralización planificada.

Por un lado, la colectivización agraria dio lugar a la abolición de la propiedad privada e impulso de la igualdad, culminando en el Gran Salto Adelante (1958-1962) caracterizado por hambruna y decrecimiento económico debido a la ineficiente y mala cosecha. Por otro lado, la industrialización planificada con planes quinquenales que promovían la industria pesada y daba poca atención a la productividad agrícola. En el ámbito social podemos argüir dos puntos importantes: la revolución cultural y la igualdad social. Por un lado, la revolución cultural (1966-1976) buscó prugar influencias de la clase burguesa limitando el desarrollo educativo, científico y cultural. Por otro lado, la igualdad social priorizó la eliminación de clases sociales que determinaron una estructura generalizada de pobreza y represión política.

En la etapa de apertura comercial iniciada con Deng Xiaoping y culminada después de las presidencias de Jiang Zemin y Hu Jintao (1978-2012), China logró una serie de reformas estructurales que sentaron las bases del modelo socialista de mercado para que en el ámbito económico China lograra un aumento de la producción interna bruta con tres aspectos fundamentales: instrumentos de mercado, crecimiento acelerado y reducción de la pobreza. Por un lado, las reformas de mercado se enfocaron en devolver la propiedad y gestión agrícola a las familias campesinas y también configurar las zonas económicas especiales (como Shenzen) para atraer inversión extranjera directa para el comercio internacional. Por otro lado, el crecimiento acelerado en donde China aceleró a una tasa de crecimiento promedio en el periodo de esta etapa de 10,1% para dar lugar a su superposición mundial como manufacturera de exportación y disminuir la pobreza extrema y absoluta de 700 millones de personas hacia 2021. En el ámbito social podemos argumentar dos hechos fundamentales con la urbanización masiva de diferentes ciudades y la mejora del bienestar social. Por un lado, la urbanización masiva dio lugar a una serie de desplazamientos nacionales de campo a ciudades del sureste del país con el interés de buscar trabajo y así, expandir la clase media de más de 500 millones de personas. Por otro lado, se fortalecieron las infraestructuras de salud y educación con mejoramiento de servicios rurales mejorados.

En la etapa de potencialidad global con Xi Jinping (2012-actualidad) se ha logrado una consolidación de su liderazgo en diferentes áreas internacionales como el comercio, la economía y la innovación. En el ámbito económico se destacan tres elementos de intervención en su potencialidad: el primero es la tecnología de innovación digital que se ha apoyado en la IA, el big data y las energías verdes. El segundo es la franja y la ruta que surge como proyecto global y concentra más de 150 países para reforzar su comercio y finanzas globales y, el tercero se fundamenta en la ralentización del crecimiento económico a tasas que rondan entre el 5.3% en promedio debido a factores como la deuda interna y el envejecimiento poblacional. Asimismo existe el factor social que ha fortalecido dos ámbitos: el Estado de bienestar y el nacionalismo bajo control político. Por parte del primer aspecto social, China ha ampliado su cobertura de seguridad social y salud, y sigue impulsando programas de reducción de la pobreza extrema, aunque la desigualdad sigue siendo un problema central de la geografía del país. Por otro lado, el nacionalismo ha tenido un mayor control estatal sobre la sociedad, incluyendo la censura digital y la represión de disidencias, lo que contrasta con los avances económicos.

En resumen, el balance de estos 75 años de la República Popular China es notablemente positivo desde el punto de vista económico, habiendo convertido a China en una potencia mundial en los últimos 20 años. Sin embargo, los desafíos sociales relacionados con la desigualdad, la deuda y el control político continúan siendo críticos para su futuro desarrollo en términos de la persistente desigualdad.

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Docente de la Universidad Nacional Autónoma de México. Especializado en análisis del Orden mundial, Economía Política Internacional, Macroeconomía y Geopolítica digital.

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