Biden y China: el desafío de una relación compleja
Foto: Xinhua/Li Xueren
El nuevo gobierno norteamericano deberá relanzar la relación con China. Biden posiblemente intente imitar la relación construida durante la gestión Obama aunque el mundo y China ya sean muy distintos.

A diferencia de Trump el nuevo presidente norteamericano no es un recién llegado a la Casa Blanca. Su rol como vicepresidente de Obama no es solo un dato biográfico sino un dato político fundamental para entender qué es lo que buscará llevar a cabo respecto a China.

El gran problema para Biden es que el intento de la gestión de Obama para frenar el desarrollo de China, mediante el “pivote a Asia”, fracasó. Trump lo enterró y China continuó avanzando en su crecimiento económico, garantizando mejores niveles de vida a sus habitantes y logrando mayor protagonismo internacional. Ahora Biden parece continuar con la confrontación abierta por la gestión de Trump, no solo con el aumento de aranceles (que aún no quitará) o los acuerdos comerciales, sino abriendo nuevas agendas conflictivas.

Uno de los pocos datos realistas que asume Biden en su programa de política internacional escrita en su artículo “Why America Must Lead Again” (Por qué Estados Unidos debe volver a liderar) es que durante los últimos años Estados Unidos está perdiendo respecto a China en la disputa tecnológica. Reconoce que hay atraso en tecnologías como el 5G, trenes de alta velocidad, inteligencia artificial, o el desarrollo de energías limpias. El presidente electo de Estados Unidos menciona también el desafío de volver a liderar en ese terreno y enfrentar a China.

Biden hace referencia a la necesidad de sanciones a las empresas tecnológicas que colaboran con la “represión en China”. Esta vez la agenda de “derechos humanos” norteamericana parecería ser una excusa más para atacar a empresas como Huawei, ZTE, Xiaomi, etc. Además de los anacrónicos argumentos sobre el uso de patentes o la “seguridad nacional” que ya usa Trump, los “derechos humanos” se pondrían al servicio de la disputa por el desarrollo tecnológico.

Biden también acusa a China de ser el principal emisor de carbono del mundo y de subsidiar la contaminación con su “Iniciativa de la Franja y la Ruta”, lo cual alcanza niveles de cinismo e hipocresía enormes. Según los últimos datos sobre emisiones de carbono per cápita, un habitante de Estados Unidos emite más del doble de carbono que uno de China. Pero más allá de semejante cinismo, la hipocresía es mayor cuando Estados Unidos recientemente se ha retirado del Acuerdo Climático de París. Mientras Trump negó el cambio climático durante los últimos años, Xi Jinping no solo ha firmado el Acuerdo Climático de París sino también se ha comprometido a lograr una huella de carbono neutral para el año 2060. Y además, China ya se ha convertido en el mayor inversor global en fuentes de energía renovables.

Habrá temas que también volverán o seguirán en el centro de la disputa, ligados a las minorías étnicas de China, a Taiwan, a Hong Kong, al mar de China meridional o a Corea del Norte. La estrategia de Biden, en lugar de bajar las tensiones, parece profundizar los conflictos abriendo nuevos asuntos de la agenda o reinstalando temas conflictivos que habían perdido relevancia. También dará menos lugar a la confrontación personal con Xi Jinping con quien ya tuvo contactos en su anterior paso por la Casa Blanca y abrirá el conflicto a más actores (a los países de la OTAN, a agencias del Estado norteamericano, a ONGs vinculadas a los derechos humanos y al ambientalismo, etc.).

La ventaja coyuntural para el resto del mundo puede ser que las tensiones comerciales bajen y afecten menos a la economía global. Pero conflictos más grandes pueden abrirse si Estados Unidos continua en su lógica beligerante propia de la guerra fría, dividiendo al planeta entre un “mundo libre” amigo de Estados Unidos y tildando de “autocracias” a los países que no coinciden con sus valores o no reconocen su liderazgo unilateral.

Lo que es innegable es que la estrategia globalista norteamericana enfrentando a China fracasó. Hace 5 años las principales propuestas de integración global pasaban por grandes acuerdos de libre comercio como en TPP o el TIPP (entre Estados Unidos y la Unión Europea). En aquél entonces la Iniciativa de la Franja y la Ruta era un proyecto limitado a algunas zonas de Asia, África y Europa. Desde 2015 más de 80 países se han sumado al Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (para impulsar la Iniciativa) y eso es muy difícilmente tenga marcha atrás. También, como una de las paradojas de la historia, al final del mandato de Trump China con el RCEP acaba de firmar el principal tratado de libre comercio de la historia. Biden deberá aceptar el papel global de China y complementar sus aspiraciones o dar una batalla contra los hechos consumados, quedando seguramente en ridículo y poniendo en riesgo a la economía global.