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lunes, mayo 20, 2024

China, Milei y la política exterior argentina

El debate presidencial del domingo pasado en Argentina disparó la discusión sobre estrategias de inserción internacional, dinámicas del comercio exterior y alineamientos geopolíticos para el mundo que se viene. ¿Qué dice Javier Milei sobre nuestro vínculo con China?

El debate presidencial del domingo pasado en Argentina abrió una fuerte discusión sobre las estrategias posibles de inserción de nuestro país en el sistema internacional, las dinámicas del comercio exterior y los alineamientos geopolíticos preferibles y necesarios para el mundo que se viene.

El candidato presidencial de Unión por la Patria, Sergio Massa, sostuvo la necesidad de que Argentina aporte a la construcción de un orden internacional multipolar, diversificando marcos de alianzas en un mundo cada vez más interdependiente pero conflictivo.

En este marco, ratificó la centralidad de las alianzas con Brasil, China y la India, sostuvo la importancia de efectivizar el ingreso de nuestro país al BRICS y de diversificar asociaciones con el Sur global en general, lo que aporta a su vez a ganar grados de autonomía relativa para discutir, entre otras cosas, las condiciones para el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional tomada por el ex presidente Mauricio Macri.

Por otra parte, el candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, fue explícito en su mirada de que Argentina debe alinearse incondicionalmente con el “mundo libre” y romper todo tipo de relaciones diplomáticas con lo que llamó “autocracias” y “comunismos” a nivel internacional, mencionando principalmente a Brasil y China. Analicemos un poco más en detalle qué quiere decir el candidato libertario.

En primer lugar, la alocución de Javier Milei deja expuesto un peligroso desconocimiento de las dinámicas actuales del poder global y de las formas que adoptan las relaciones internacionales en el Siglo XXI. Aunque, hay que decirlo, más que un desconocimiento, Milei utiliza metáforas anacrónicas y propias de la Guerra Fría, como “comunismo” y “mundo libre” para evitar hablar de sus verdaderas intenciones en materia internacional.

Milei sostiene que es posible acusar a China, libremente y sin ningún tipo de pruebas, de “dictadura asesina”, que es posible además romper relaciones diplomáticas con el país asiático, pero que puede a pesar de ello seguir habilitando el comercio bilateral “entre privados”. Esto implica desconocer varios aspectos básicos de cualquier estrategia diplomática internacional. En primer lugar, China es una economía socialista de mercado bajo la dirección política del Partido Comunista de China. La estrategia económica del país (y la actividad de sus grandes empresas) sigue un mandato otorgado por Estado, que es el encargado de la planificación económica nacional. Es lo que Enrique Dussel Peters ha denominado como “omnipresencia del sector público chino”.

Tomemos, por ejemplo, el caso de Paraguay, un país vecino que no reconoce a la República Popular China. Según la “tesis” de Milei, esto no tendría porque impactar en su comercio exterior, ya que el mismo se realiza entre privados. Pero, ¿sorpresa?, mientras que China representa casi el 28% de las compras de Paraguay, las compras chinas a Paraguay representan el 0,3%.

Por otro lado, romper relaciones diplomáticas o afectar la seguridad nacional de un Estado y pretender que eso no afecte en el comercio bilateral “entre privados” es un error grosero de mirada política. Si no, observemos al supuesto “adalid” del “mundo libre”, los Estados Unidos. Tanto bajo la anterior administración de Donald Trump como en la actual de Joe Biden, los Estados Unidos han impulsado un arsenal de sanciones a empresas e individuos considerados “peligrosos” para los intereses naciones de los Estados Unidos. Además, el Estado norteamericano ha restringido o directamente prohibido a sus empresas comerciar bienes considerados “estratégicos” con determinados países, y ha establecido aranceles (impuestos) a productos específicos para proteger su industria nacional. Como vemos, no existe tal “libre mercado” en un contexto de pujas sistémicas como el que estamos atravesando en el actual orden internacional.

De este modo, el candidato libertario busca en realidad desconocer el rol que juegan los Estados como promotores y protectores de los intereses nacionales y como garantes de la regulación de las desigualdades en el poder internacional. Negar a nuestro Estado la posibilidad de aplicar regulaciones que aporten al interés nacional, como lo hace cualquier Estado del mundo, es lisa y llanamente entregar nuestra soberanía a los más poderosos, en este caso, explícitamente a los Estados Unidos.

En este punto, lo que busca Milei en realidad es romper cualquier tipo de relación con Estados mínimamente contestatarios del orden global unipolar atlantista occidental. Busca alinearse acrítica y tajantemente a lo que alguna vez George W. Bush llamó un “Nuevo Siglo Americano”, es decir, la continuidad de la perpetuación de la hegemonía norteamericana a escala global. Para ello, busca darles vía libre a sus empresas amigas para que hagan negocios a nivel internacional, a costa del interés nacional de los/as argentinos/as.

Además, Milei señala con demasiada soltura que es posible reemplazar de un día para el otro a un mercado de 1.400 millones de habilitantes como el chino, que tiene además una clase media con cada vez mayor capacidad de consumo.

A su vez, la consolidación de la República Popular China como el segundo socio comercial de Argentina no fue un hecho que “los privados” consiguieron por su cuenta de un día para el otro, sino que fue producto de una planificada gestión diplomática gubernamental de más de 20 años de continuidad, que incluyo el reconocimiento de la República Popular como economía de mercado y la firma de la Asociación Estratégica en 2004, la elevación de las relaciones bilaterales al estatus de Asociación Estratégica Integral en 2014 y la firma del Memorándum de Entendimiento para construcción conjunta de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en 2022.

Milei ignora deliberada e irresponsablemente que la República Popular China se ha consolidado como nuestro segundo socio comercial, e ignora también las enormes posibilidades que significa el mercado chino en un futuro cercano. De hecho, China es el principal importador y exportador global de mercancías y en algunos años se posicionará como el país con mayor Producto Bruto del mundo.

En este marco, no existen sustitutos inmediatos para los productos que China compra hoy a la Argentina. En el caso de la soja, por ejemplo, que representa el 30% de nuestras exportaciones hacia China, el segundo destino de las mismas es Egipto, que aunque es un nuevo socio en los BRICS+, Milei ha dicho que no tiene ninguna intención de ser parte de un bloque que integra a esos países. El otro producto importante es la carne bobina congelada, la cual es comprada casi en su totalidad por China (84% de nuestras exportaciones en ese rubro van a China). Además, para que tengamos en cuenta, China es también el principal comprador mundial de soja (compra el 56% de la soja del mundo) y también el principal comprador mundial de carne bovina congelada (35%). Romper relaciones diplomáticas con China significaría una merma significativa de ingresos a nuestra economía nacional.

Es cierto que la canasta comercial de Argentina y China tienen importantes desbalances que es necesario corregir en lo inmediato. En primer lugar, la composición casi totalmente primaria de nuestras exportaciones, lo que trae aparejado una amenaza de primarización de nuestra economía nacional; en segundo lugar, el déficit comercial que se desprende de lo anterior. Estos puntos y otros han sido marcados como prioritarios en el Memorándum de Entendimiento para la Cooperación en el marco de la Franja y la Ruta de la Seda; es decir, la Argentina tiene importantes posibilidades a partir de fortalecer el comercio con China.

Por otra parte, y en este sentido, Javier Milei habla con demasiada simpleza de un supuesto “mundo libre”, haciendo referencia a los Estados Unidos. Una idea que se ha demostrado completamente equivocada, y que ignora que Estados Unidos ha intentado imponer su modelo económico y social a base de sangre y fuego, que cuenta con una red de más de 800 bases militares alrededor del mundo y que ha propiciado golpes de Estado e intervenciones unilaterales en los cinco continentes. Si existe hoy una manifestación de un “mundo libre”, son aquellos países y bloques regionales que pujan por un impulsar un orden internacional multipolar, en el cual se respeten los modelos de desarrollo nacionales, se impulsen relaciones multilaterales basadas en el respeto mutuo, la coexistencia pacífica y el diálogo de civilizaciones. La mayor iniciativa que existe hoy para concretar un “mundo libre” es la propuesta china de construir una comunidad de destino compartido para la humanidad.

Como en tantos otros temas estratégicos para el interés nacional, Milei no solo desconoce e ignora completamente las nuevas dinámicas del poder en las relaciones internacionales, sino que directamente propone convertir a nuestro país en una semicolonia norteamericana, que rinda pleitesía frente al establishment económico y político estadounidense. Su sueño es ver la bandera de los Estados Unidos flameando sobre nuestro Banco Central. Su “misión” es ver a la Argentina como un ladero sumiso e incondicional de los Estados Unidos, volver a poner de rodillas a nuestro país frente al Fondo Monetario Internacional y romper cualquier tipo de alineamiento estratégico con los países del Sur global. Por ello, reivindica a personajes nefastos como Margaret Thatcher y Ronald Reagan, acepta la idea de entregar la soberanía de las Islas Malvinas y la Antártida, y de romper cualquier tipo de propuesta de integración regional autónoma, propiciando, como ya lo hizo su socio Mauricio Macri, una nueva ola desestabilizadora sobre los gobiernos progresistas de nuestra región.

El orden internacional atraviesa cambios sistémicos. La disputa entre unipolaridad y multipolaridad se monta a su vez sobre dos propuestas de orden global: o vamos hacia una globalización incluyente basada en el diálogo de civilizaciones, los Estados como herramientas de inclusión social y los pueblos como sujetos de la transformación, o vamos hacia una globalización financiera neoliberal, sustentada en la supresión de las soberanías estatales y la primacía de las corporaciones financieras y la especulación.

Esta es la puja que está ordenando el mundo, y el lugar en el que la Argentina se inserte en ella es parte de lo que someterá a votación el domingo 19 de noviembre.

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Licenciado en Sociología. Becario Doctoral del CONICET. Docente UNLP y UNLa. Investigador del Centro de Estudios Chinos (IRI-UNLP) y del Centro de Investigaciones en Política y Economía (CIEPE). Integrante del Grupo de Trabajo de CLACSO "China y el mapa del poder mundial" y "Geopolítica, integración regional y sistema mundial".

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