De dónde viene la idea de “el peligro amarillo”
Foto: Pintura Völker Europas, wahrt eure heiligsten Güter (“Pueblos de Europa, defiendan sus bienes más preciados”) de Hermann Knackfuss (1895)
En los medios de comunicación actuales no faltan noticias relacionadas con un Lejano Oriente bárbaro que viene a romper con todas las tradiciones culturales y políticas de Occidente, un otro que lo único que busca es concretar una venganza. Hoy tal imaginario coloca nuevamente a China como protagonista. ¿Cuál fue origen de tal miedo?

Al finalizar la Primera Guerra Sino-japonesa (1894-1895), los miedos de un Lejano Oriente unido contra Occidente comenzaron a aumentar en el imaginario europeo. Tales preocupaciones, ingresaron en los sueños del Káiser alemán Guillermo II. En una de sus anécdotas más famosas, el Káiser comentó que se le había aparecido en sueños el Arcángel San Miguel, jefe de la milicia celestial en la religión cristiana católica, instándolo a derrotar al Gran Dragón de Oriente. Ante tal profecía, el mandatario alemán relacionó el dragón, no solo como una figura demoniaca de Lucifer, sino directamente con la bandera de la dinastía Qing. Es decir, el demonio a erradicar era China.

Sin perder tiempo, en 1895, Guillermo II encargó al pintor alemán Hermann Knackfuss plasmar la “advertencia celestial” dando origen a la pintura Völker Europas, wahrt eure heiligsten Güter (“Pueblos de Europa, defiendan sus bienes más preciados”), donde las figuras nacionales de las potencias occidentales son animadas por el arcángel San Miguel a entrar en combate contra un buda y un dragón.

Pintura Völker Europas, wahrt eure heiligsten Güter (“Pueblos de Europa, defiendan sus bienes más preciados”) de Hermann Knackfuss (1895)

Puesto que fue un sueño, la subjetividad y el simbolismo abundaban. Por lo que la argumentación tomó un giro. El miedo real del Káiser era que China y Japón se unieran en la conquista de Occidente. Su fundamento era la rápida adopción de reformas modernizadoras en Japón y su adaptación para disputarle lugares a los europeos en Asia.  El segundo fundamento, era aumentar las colonias de su imperio en el continente asiático.

Para Joaquín Beltrán Antolín, miembro del grupo de investigación Inter Asia de la Universidad Autónoma de Barcelona, la clasificación misma de “peligro amarillo” denota un claro rasgo xenofóbico del racismo científico de la época, además de reflejar un claro temor a nuevos competidores a nivel geopolítico.

Sin embargo, el sueño tuvo la oportunidad de convertirse en casus belli el 1 de noviembre de 1897, cuando dos sacerdotes misioneros alemanes de la Sociedad del Verbo Divino fueron asesinados en China. Para evitar una nueva guerra, la dinastía Qing cedió en 1898 los territorios de Qingdao al control alemán. El Káiser disfrutaría de sus nuevas tierras hasta la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando el Peligro Amarillo, encarnado está vez en el ejército japonés, le arrebataría su botín de guerra.