La ideología que China presenta al sistema internacional es una combinación histórica de elementos de tradición dinástica frente al nacionalismo confuciano, marxista y, a su vez, capitalista. De hecho, diversos autores, como Mariola Moncada Durruti, califican la actual administración pública de Xi Jinping como una síntesis trascendente de 5,000 años de pensamiento.
El debate internacional contemporáneo no debe centrarse en sus indicadores económicos ni en su peso geopolítico, sino en la transformación y la persistencia de su proyecto histórico que explora su identidad política e ideológica. En este contexto, textos como Marx y China. La sinización del marxismo de Xulio Ríos (2024) y China’s Economic Dialectic: The Original Aspiration of Reform de Cheng Enfu (2023) ofrecen elementos de análisis que van más allá de una coyuntura comercial, económica o tecnológica, situando a China en un arco temporal donde, bajo los conceptos marxistas de totalidad, proceso y cambio, se distinguen desde su dialéctica, es decir, de manera armónica e inseparable.
La indiscutible presencia china en la estructura económica mundial presenta una relación entre reforma y dialéctica bajo el argumento de Cheng Enfu. Este autor parte de que las reformas chinas no fueron un abandono del socialismo, sino una renovación de este mediante la praxis coyuntural con la sintonía del marxismo. Desde el ámbito económico afirma: “la dialéctica económica de China consiste en mantener la aspiración socialista mientras se adoptan mecanismos de mercado que promueven el desarrollo” (Cheng, 2023, p. 42). Lo anterior es importante porque la trayectoria económica china es producto de la planificación centralizada que exige el marxismo para comprender la estructura socioeconómica ligada al libre mercado que se exigía en los 1970’s, pero también la tradición en confluencia con la modernización. Es por ello por lo que, Cheng propone que el modelo de desarrollo chino puede dirigirse como una experiencia hacia los países del Sur en donde el nuevo orden mundial confluya en la salida de las trampas de la dependencia occidental.

En la misma sintonía, Xulio Ríos coloca la atención en la capacidad política del Partido Comunista de China. Su intención es la descripción de la modernización china con una narrativa ideológica reinventada y configurada a la cohesión interna en torno a un proyecto civilizatorio no occidental. En Marx & China, señala que “la sinización del marxismo no es un artificio, sino el proceso histórico de adaptación de una teoría universal a la especificidad nacional” (Ríos, 2024, p. 17). De este modo, lo político e ideológico no se reduce a la mera gestión de la sociedad civil o política, sino a un esfuerzo consciente por legitimar un camino alternativo frente al liberalismo dominante.
Ambos autores ofrecen una explicación del sentido ideológico del marxismo, la tradición y el futuro en el que China se presenta al sistema internacional para comprender la vigencia de un modelo híbrido que desafía dicotomías convencionales entre socialismo y capitalismo. Es por ello por lo que analizar el “socialismo con características chinas o de mercado” no es una contradicción, sino una síntesis de la trayectoria de aquel país por encontrar un desarrollo en el mundo. Ríos enfatiza que “China ha sabido convertir al marxismo en una brújula flexible, sin que pierda su carácter de crítica radical al capitalismo” (Ríos, 2024, p. 28). Esta flexibilidad explica por qué el PCCh mantiene legitimidad incluso tras décadas de reformas económicas.
En el terreno social, la narrativa de la “prosperidad común” es difícil de comprender dado que en Occidente se plantean problemas como la cooperación o el conflicto, sin embargo, si tomamos dicha narrativa observaremos que su fin último es buscar reducir desigualdades y reforzar la cohesión entre la sociedad.
En un mundo marcado por desigualdades crecientes, es conveniente leer lo que se ha hecho en China y tanto Cheng (2023) como Ríos (2024) muestran la propuesta china a interpelar a quienes buscan alternativas al neoliberalismo. El discurso de Beijing sobre un orden mundial basado en el multilateralismo y la cooperación se conecta con esta dimensión social de legitimidad. De tal manera que China no debe ser entendida como potencia emergente. Su experiencia condensa un laboratorio de modernización, donde marxismo, tradición y pragmatismo conviven en tensión creativa. Seguir leyendo a China es, en definitiva, seguir explorando los límites del capitalismo y las posibilidades de un orden global alternativo.
Docente de la Universidad Nacional Autónoma de México. Especializado en análisis del Orden mundial, Economía Política Internacional, Macroeconomía y Geopolítica digital.






