El mundo no puede afrontar una guerra fría 2.0
Foto: Pixabay
En tiempos de incertidumbre, ¿realmente el mundo necesita una nueva guerra fría entre las dos economías más grandes?

Artículo extraído del China Daily Global (2020-08-16).

Traducción: Tania Giacomelli

No es un secreto que las relaciones entre China y los EE. UU. se hayan deteriorado rápidamente en los últimos meses.

Para el mundo, la retórica utilizada y las acciones tomadas evocan, de forma preocupante, a una nueva guerra fría.

En tiempos de incertidumbre, ¿realmente el mundo necesita una nueva guerra fría entre las dos economías más grandes?

¿Puede la relación entre China y los EE. UU. tomar otro rumbo?

Capítulo 1: Una carrera de vacunas para todes

Mientras el mundo sufre de COVID-19, la humanidad está en busca de la salvación definitiva: las vacunas.

En este momento, se están desarrollando al menos 150 vacunas en todo el mundo y tanto China como los EE. UU. son los más avanzados; pero, lamentablemente, la tendencia a politizar y a utilizar la pandemia como un arma también se está trasladando a la vacuna.

Recientemente, Ricky Scott, senador republicano por Florida, acusó a China por “intento de sabotear o frenar” el desarrollo de la vacuna estadounidense.

Ahora bien, ¿no se trata de una carrera que nadie puede permitirse perder?

Incluso si se produjera la primera vacuna, el mundo deberá encontrar la forma de cooperar para fabricarla, transportarla y garantizar el acceso; y en este proceso desafiante, no se puede escatimar la colaboración de ambos países.

“Sin dudas, se entiende que en momentos de crisis mundial, los líderes nacionales tiendan a enfocarse en las necesidades de su pueblo y que se preocupen sobre cuestiones nacionales; pero si la ciencia y la fabricación están globalizadas, la capacidad para combatir la pandemia también tiene que ser global y, para ello, lo que necesitamos es una colaboración sin precedentes entre todos los países”, dijo el Dr. Seth Berkley, director ejecutivo de la Alianza Mundial para las Vacunas y la Inmunización.

Capítulo 2: Lo último que la economía mundial necesita

La economía mundial ha sido golpeada fuertemente por la pandemia que nos toca vivir y algunas personas predicen que esta crisis será peor que la crisis financiera del 2008.

En el primer cuatrimestre de este año, la economía de China se contrajo el 6,8 % por las medidas estrictas de control sobre la epidemia y, en el segundo cuatrimestre, el PBI de los EE. UU registró una caída histórica del 32,9 %. Mientras la pandemia siga arrasando, hablar de desarticulación o del “fin” de la fase uno del acuerdo comercial entre China y los EE. UU. solo agota las esperanzas de una recuperación.

“Las relaciones comerciales bilaterales son muy importantes en un periodo económico de crisis, como hemos aprendido de lo que sucedió hace cien años atrás durante la Gran Depresión de las décadas del 1920 y del 1930. Una lección importante: esa crisis fue tan profunda y prolongada precisamente porque los países, en particular, las economías principales, en lugar de eliminar las barreras comerciales, las fortalecieron”, dijo Qian Jun, profesor de la Facultad Internacional de Finanzas Fanhai de la Universidad de Fudan.

Reuters estima que este año la economía global se contraerá un 4 % por la pandemia, por encima del 3,7 % que se estimó en junio. Lo último que la economía mundial necesita, en este momento, es que empeore la relación comercial entre China y los EE. UU.

Capítulo 3: ¿Quemar los puentes?

No solo el comercio está sufriendo. El plan de Trump de prohibir estudiantes provenientes de China le costará a las universidades estadounidenses 1,15 mil millones de dólares en términos de ingresos por matrícula durante los próximos diez años.

Pero no es solo una cuestión de dinero.

En julio, Trump canceló el emblemático programa de intercambio Fulbright en China; lo cual significó el fin efectivo de una valiosa vía de intercambio entre personas de ambos países.

La administración de Trump tal vez lo considere como una penalidad, pero está cerrando otra puerta para que haya un entendimiento entre ambos países. Las repercusiones, aunque por ahora sean intangibles, pueden ser catastróficas en los próximos años.

David Lampton, ex presidente del Comité Nacional de Relaciones entre los EE. UU. y China, fue becado por Fulbright en Hong Kong. En una entrevista con CGTN (canal de televisión de China), comentó que las personas deberían apreciar los logros que se han obtenido con tanto esfuerzo en lo que respecta a las relaciones entre China y los EE. UU.:

“Creo que es una de las cuestiones que la juventud en ambos países tal vez no comprenda en su totalidad: el costo que tuvieron los conflictos entre China y los EE. UU. en las décadas de 1950 y 1960. Tuvimos 40 años de paz, un crecimiento económico veloz, ambos países han mejorado. Los compromisos con nuestros pueblos han tenido un éxito increíble. Hemos tenido problemas siempre, hay problemas serios ahora–creo que el peor desde 1972–, pero nuestra juventud tendría que poder comprender lo costosa que puede ser una mala relación entre China y los EE. UU., puede ser tremenda”.

El entendimiento mutuo es la base para una política exterior. Tal vez, los halcones de China en los EE. UU. deban volver a tomar sus clases de historia –y, tal vez, aprender de la sabiduría del senador J. William Fulbright, quien fundó este programa– sobre cómo gestionar las relaciones entre China y los EE. UU.

En una entrevista con la agencia Xihua News, Wang Yi, consejero del Estado chino y ministro de exterior, también afirmó que China no quiere una guerra fría: “Rechazamos cualquier intento de generar la llamada ‘nueva guerra fría’ entre el pueblo chino y estadounidense porque va en contra de los intereses principales y de la tendencia mundial hacia el desarrollo y el progreso. Cualquier persona que intente comenzar una nueva guerra fría en el siglo XXI estará del lado equivocado de la historia y será recordada como la que puso patas arriba la cooperación internacional. La China de hoy no es la ex Unión Soviética ni tampoco tiene intenciones de convertirse en otro Estados Unidos”.

Las preguntas que quedan planteadas son: ¿Están listos los Estados Unidos para trabajar con un país esencialmente diferente a fin de evitar los altísimos costos de una guerra fría 2.0? ¿De qué lado de la historia decidirán pararse? ¿Están dispuestos a escribir un capítulo sobre cooperación o sobre confrontación?