El perro como mascota en China
Foto: Petsonic
¿Qué pasa con los perros en China? En la cultura occidental aún predomina la idea de que allí los perros son un alimento pero el dinero que se mueve en torno a esta mascota ya supera al PBI de varios países de América Latina.

Aunque China  sea  blanco de críticas por el  bien conocido caso de comer perros, lo cierto es que este país tiene mucho para decir sobre este animal. Para empezar, China cuenta con varias razas de perros originarias de sus tierras que han captado la atención del mundo: el Chow Chow (pelaje leonino con lengua de color azul oscura o negra) Mastin Tibetano (perro de  pastoreo que puede llegar a los 80 cm  de altura) Sharpei (perro con numerosas arrugas) Lhasa Apso  (de baja estatura y con un pelaje de gran longitud) entre otros.

De hecho, el perro más caro del mundo es el Mastín Tibetano, que ha llegado a venderse en 1,9 millones de dólares, un perro de moda entre los millonarios de China y de otras latitudes del mundo. Vale aclarar que cuando se habla de razas, se hace referencia a los  perros “pedigree”, es decir, aquellos que cuentan con una genealogía o procedencia oficial avalada por un documento  legal. Éste constituye  una verdadera marca de autenticidad y de valor económico al asegurar su pureza.

Sin embargo, fue hasta hace pocas décadas que este animal  se convirtió en una mascota de compañía. Históricamente, la carne de perro fue una comida típica como cualquier otra (al igual que en Corea) incluso su sabor y sus propiedades nutricionales llegaron a convertirla en un plato predilecto. El Festival de Yulin que se mantiene hasta nuestros días es famoso por cocinar y vender carne de perro, algo que ha horrorizado a gran parte de la comunidad internacional. En realidad, juzgar negativamente este hábito alimenticio demuestra un sesgo cultural y hasta etnocentrico al considerarlo  como una conducta bárbara, salvaje o retrasada.

Al no ser visto como una mascota, es comprensible el destino que se le asignó a los perros. La misma condena de un occidental hacia un chino que consume este animal  podría compararse con la de un hindú hacia un argentino que  consume carne vacuna.

Sin embargo,  existen excepciones en la historia que nos permiten ver la relación que China mantuvo con los perros desde otra perspectiva. Así por ejemplo, el Sharpei fue considerado el símbolo de la Dinastía Han (206-220 a .C) época  de la cual se conservan pinturas y esculturas de esta raza.

Actualmente,  el mercado de mascotas en China tiene un gasto aproximado de 30 mil millones de dólares, lo que equivaldría casi al PBI de naciones como Paraguay o Bolivia. Además, el número de perros y gatos en este país es de más de 200 millones. El negocio de mascotas se ha extendido incluso a las redes sociales de la mano de Goumin, que conecta a dueños de perros y brinda información sobre el cuidado de los mismos.  Según esta red, en China hay 51 millones de perros y 34 millones de dueños. Estadísticamente, la mayoría de las adopciones se concentra en solteros, familias con hijos nacidos en los 90 y personas de las grandes ciudades.

Mientras que en el siglo pasado tener un perro era visto como una fuente de alimento o como un acto puramente burgués y occidental, hoy significa incorporar un nuevo miembro al grupo familiar siguiendo una marcada  tendencia global. De hecho, las exportaciones de comida para perros, accesorios, vestimenta y medicamentos hacia el gigante de Asia constituyen un nicho de mercado sumamente interesante  a tener en cuenta. Por lo tanto, esta “pet economy” cada vez más grande deja de lado los prejuicios y miradas ya obsoletas sobre China como un país “come perros” para pasar al de uno donde este canino es un miembro de la familia, una fuente de negocios y  hasta  un embajador cultural.