Fernández Taboada: “En China ahora hay más demanda de productos argentinos”
Foto: Agro Empresario
El especialista en comercio con China analiza el pasado, el presente y el futuro del principal socio comercial de Argentina en este momento. También nos cuenta su mirada sobre la disputa hegemónica entre China y Estados Unidos.

Ernesto fue director de la Cámara de Comercio Argentino-China durante 26 años (1994-2020) y actualmente es el director ejecutivo del Consejo Argentino-Chino. Además es miembro consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y fue autor del libro “Cultura de negocios en China: algunos consejos” junto con Carolina Guerra.

Dirigiste la cámara de comercio argentino-china durante los últimos 20 años. El comercio entre ambos países pasó de ser irrelevante a ser la principal relación comercial de argentina: ¿Por qué se dio esta situación? ¿Qué aciertos y errores hubo en este proceso?

A pesar de que empezó a haber comercio en 1954 aún no había volúmenes significativos en el año 2000. El aumento creciente de la producción de soja es lo que interesó a China en ese momento. En 2001 vino el presidente Jiang Zemin a la Argentina y hubo 300 empresarios junto al presidente De la Rúa. Ahí comenzó el interés empresaria por China y a diversificarse la oferta.

En 2001 China vino a pedir el voto favorable de Argentina para ingresar a la OMC. El voto se lo dimos pero no hemos sabido aprovechar la oportunidad para pedir una compensación abriendo mercados o bajando aranceles para determinados productos.

La parte negativa de la relación desde nuestra parte es la falta de comprensión del sector privado de la importancia que implica tener negocios con China. La enorme mayoría de las empresas argentinas son PyMES, algunas se limitan a exportar en algunos casos a Brasil, Uruguay o Chile aun teniendo productos para ofrecer a China. La distancia y la dificultad idiomática dificultan el contacto.

Ahora la necesidad nos aprieta y en el Consejo Argentino-Chino vemos mucha ansiedad de los empresarios de acceder al mercado chino. Y en China, a excepción del nombre de los futbolistas, no nos conocen mucho, no saben qué tenemos para vender (a excepción de la soja o vino). Si no viajamos, si no hacemos promoción, nunca se van a enterar qué ofrecemos.

Además hay otro tipo de problemas. Un chino dedicado al comercio internacional me lo graficó de la siguiente manera: “Los argentinos vienen a China, tienen reuniones, traen muestras, pero no siguen el asunto. No pasa lo mismo con los brasileños que al otro día ya están mandando un mail para seguir el asunto. En China hay tantas visitas que solo continúa la relación con los que insisten.” Por eso es importante estar presentes permanentemente.

También falta coordinación entre el sector público y privado. Hace unos años viajo una misión comercial de la Provincia de Buenos Aires y a los 10 días fue una misión de Córdoba, en lugar de viajar todos juntos aprovechando mejor los recursos. Ahora hay algunas instituciones privadas como ProCórdoba o ProMendoza, el Intituto de Promoción de Carne Vacuna Argentina o Wines Of Argentina que tomaron en cuenta esta necesidad. Así también parece tenerlo en cuenta la Cancillería que ha creado el consejo público-privado para exportaciones. Pero hemos perdido muchos años.

Desde el año 2000 ha crecido mucho el comercio hasta que ha pasado a ser el principal socio comercial en este momento. Ya no son solo 3 o 4 productos, son 35 productos y todos los años se van sumando 2 o 3 nuevos. Las oficinas comerciales en Beijing, Shanghai, Cantón y Hong Kong son activas y ayudan al sector privado.

Argentina demanda dólares sistemáticamente y el aumento de exportaciones puede ayudar a resolver ese problema macroeconómico. ¿Qué puede ofrecer Argentina y no está ofreciendo al mercado chino? ¿Dónde están las principales oportunidades para los próximos años?

Lamentablemente manufacturas de origen industrial no le vamos a vender a China. Hacemos autos o electrodomésticos pero no somos competitivos respecto a su producción.

Un sector en el que sí somos competitivos es el de producción de software. Ya hay una empresa argentina instalada allá asociada con una empresa china. Hay muchas posibilidades. Lamentablemente estamos esperando que el Congreso motorice la Ley del Conocimiento que promovería la exportación de software. Esto sería fundamental para el ingreso de divisas.

El año pasado empezamos a exportar cerezas. No es un producto menor, porque acá genera más mano de obra que otras exportaciones como la soja). La cereza en China es un símbolo de status y de buen poder adquisitivo. Hay posibilidad de exportar desde Rio Negro, Neuquén o Mendoza.

Madera también podríamos exportar más de lo que se exporta. En zonas de China está prohibida la tala de árboles (y en otras desalentada). La madera que utilizan para la construcción es importada. Es un producto con poco valor agregado pero se suma a la canasta.

Algo similar sucede con el limón. Hubo problemas con una mosca que inserta larvas en la cáscara del limón pero se han superado los problemas con tratamientos sanitarios. Ellos son grandes compradores de limón e importan limones de más baja calidad de Estados Unidos. Somos de los primeros productores mundiales y puede crecer la exportación.

Durante la pandemia se reflota la sinofobia en el mundo y también en Argentina. ¿En qué medida esto puede afectar a las relaciones comerciales con China?

En Wuhan fue el origen del Covid-19 pero hoy China ha superado la pandemia. Se demuestra con el gran movimiento de turismo interno, el festival de rock en Wuhan con miles de jóvenes sin barbijo, etc. Está bajo control la pandemia allá.

La pandemia se usó para difundir el odio hacia China. Pero la desgracia ajena puede tener efectos beneficiosos para otros. Por ejemplo: Australia pide que China dé explicaciones por el origen de la pandemia y eso provocó que China le suba aranceles a productos como la cebada, y ahora Argentina ha comenzado a exportar cebada. Lo mismo está pasando con el vino australiano que China inició una investigación sobre dumping o la baja en la importación de carne desde ese país.

Desde el punto de vista comercial no creo que afecte la sinofobia que es un efecto político. Al contrario, hay más demanda en productos de Argentina. Siguen afectando más las distancias y las diferencias culturales que la campaña en contra de China.

La disputa hegemónica entre EE.UU. y China parece haber trascendido las dimensiones comerciales en los últimos meses. ¿Cómo debería manejarse el gobierno argentino ante estas tensiones?

Argentina tiene buena relación con casi todos los países del planeta. En este caso tiene que ser amigo de China y de EE.UU. El conflicto tiene un nivel comercial y otro político.

A nivel comercial China está cumpliendo con la Fase 1 el acuerdo comercial de enero. Comercialmente a ninguna de las dos potencias le sirve llegar a un extremo de tensión. Hay mucho entrelazamiento entre las dos economías. China tiene muchos bonos del tesoro de EE.UU. y muchas fábricas de empresas norteamericanas están instaladas en China. Ambos tienen mucho vínculo comercial entre sí.

En el plano político va a depender de lo que pase en las próximas elecciones de noviembre en EE.UU. Aunque cualquiera de los dos candidatos se ha manifestado no muy favorablemente a China, no tienen muchas opciones. Al contrario, en China hay admiración a EE.UU., a personajes como Bill Gates y los que pueden viajar al exterior eligen viajar primero a Norteamérica.

La situación tirante va a mantenerse más por la agresividad de los políticos de EE.UU. que por China, dónde no hay agresividad. Los chinos no incrementan la tensión y tratan de aplacar los ánimos. A pesar de la crisis causada por la pandemia, los chinos ha se han volcado al mercado interno, aumentando la producción y aumentando el consumo doméstico.

La tirantez política va a seguir pero también los negocios.