La dinastía Ming: resurgimiento y caída
Foto: Pixbay
¿Cómo fueron los primeros vínculos entre China y Europa en siglo XVI y XVII? ¿Cómo los manchúes instalaron una dinastía en un territorio en el que predomina la etnia han? Y más…

Tras algunas décadas turbulentas asume en el trono el emperador Hongzi en 1487. Con su reinado la dinastía Ming inicia un ciclo de estabilidad y prosperidad en China, durante el cual volverá a ser el centro de la economía mundial. Las causas son múltiples. Por una parte la pequeña era glacial del siglo XV llega a su fin y se abre paso a un verano intermedio, de temperaturas templadas y agradables propicias para la agricultura, en todo el hemisferio norte. 

Se realizan reformas fiscales, burocráticas, militares y se recupera la minería local. La vida intelectual experimenta un renacer de la mano de filósofos como Wang Yangming. Las rutas comerciales terrestres retoman vigor impulsadas por la demanda otomana y mediterránea lo que impulsa la producción de seda y porcelana, y se incrementa el circulante monetario.

A principios de 1500 se producen los primeros contactos con europeos, primero portugueses, luego españoles y holandeses. Portugueses y holandeses en distintos momentos intentan obligar al Reino Medio a abrirse al comercio irrestricto por medio de incursiones bélicas y pillajes. Pero son militarmente derrotados en altamar muchas veces hasta que, vencidos, aceptan las condiciones chinas. Sin embargo, la llegada de europeos al mar de China refuerza la fractura existente entre las élites del norte y del sur del país. 

El norte, por medio de la burocracia confuciana decreta la “prohibición de navegar”, a pesar del evidente poder marítimo imperial. Desde Beijing el comercio más lucrativo es el vinculado a las estepas del norte y los pueblos nómadas, las rutas del oeste que conducen a Persia y el Imperio Otomano. Pero poco a poco la aristocracia del sur se beneficia del comercio de contrabando y envía representantes a Beijing a ganar el favor del emperador o se alía a la facción eunuca por medio de favores y dinero. 

Solo 17 años después de la muerte del principal defensor de la prohibición, el funcionario confuciano Zhu Wan, el gobernador de la provincia costera Fujian obtiene para sí el fin del decreto prohibitivo. Es el año 1567, primero del emperador Lonqi. Dos fenómenos van a iniciarse. Una reforma fiscal conocida como del “Látigo único”, por el cual el cobro de impuestos a las tierras y los agricultores, deja de pagarse en granos para saldarse en plata. Esta reforma llevada a cabo por el Gran Secretario confuciano Zhang Juzhen y es el principal incentivo chino para aumentar las importaciones de plata desde Japón, pero especialmente del Imperio español. 

En 1572  los españoles fundan Manila, en Filipinas. De los cerros del altiplano andino y mexicano, de Potosí y Huancavelica arrancan a los indios la plata y la vida con destino a China. Entre 1573 y 1643, 200.000 kilos de plata en promedio llegan anualmente al Reino del Medio desde Manila, en la que es la ruta comercial más lucrativa y densa de su tiempo. Desde allí se dirigen con destino a Acapulco primero y a Sevilla después, cuantiosas cantidades de porcelana y seda. Algunas fábricas incluso, como las de la ciudad Jingdezhen, se especializan en el gusto europeo. 

Para principios del siglo XVII, China tiene más de 200 millones de habitantes, más de un tercio de la población mundial. Además de las exportaciones manufacturadas, y el enorme circulante de plata, han jugado a favor años de climas benignos y la introducción de vegetales americanos. El choclo, la papa y sobretodo la batata transforman tierras infértiles, como montañas y pantanos, en tierras productivas y disparan la natalidad. 

El neoconfuncianismo y el neolegalismo son las tendencias filosóficas dominantes, pero con frecuencia cada nuevo emperador patrocina una nueva filosofía o religión, en particular el budismo, el daoísmo e incluso el islam. Los Estados vecinos del sur, del oeste, del este e incluso del norte, aceptan la supremacía china y envían tributos anualmente a la capital, bajo el conocido sistema tributario. 

No obstante, desde el reinado del emperador Wanli en 1582 algunos problemas se agravan. En primer lugar, las incursiones de mongoles desde el norte incrementan los gastos militares. Pero estos se disparan con la invasión japonesa a Corea, entre 1592 y 1598 conocida como Guerra Imjin. Los Ming acuden en auxilio de la dinastía tributaria de los Joseon, envían hasta 100.000 soldados y 7 millones de unidades de plata (taels), equivalentes a más de un año de ingresos. Tras la derrota japonesa, el shogunato declara el aislamiento de la isla, lo que frena la importación de plata nipona. 

Tras la muerte de Wanli en 1620 el eunuco Wei Zhongxian asume el control del gobierno y del Imperio. Se enfrenta a sus adversarios confucianos nucleados en la Academia Donglin y otorga mayores poderes a las policías secretas eunucas del Depot Este, Oeste y Central. Entre 1620 y 1643 el norte y centro de China y Asia sufren desertificaciones, sequías e inundaciones periódicas que provocan hambrunas, pestes y una pronunciada caída de los rendimientos agrícolas en las tierras de los agricultores Han y el sistema de granjas del ejército. 

Ante semejante crisis un jefe nómade en el norte unifica a los clanes manchúes y ataca la frontera. En el centro, en particular en la provincia de Shaanxi, dos líderes campesinos lideran rebeliones contra los Ming. Hacia 1640 forman un ejército de un millón de combatientes. En 1643 Li Zheng el principal líder campesino conquista Beijing y el último emperador Ming se cuelga de un árbol. Li Zheng da inicio a la dinastía Shun pero el Mandato del Cielo, la fuente de legitimidad para gobernar el Reino Medio, no está de su lado. El general Wu Sangui último leal Ming en el norte pide auxilio a los manchúes y les abre la puerta de la Gran Muralla. A tono de tambor y drama el príncipe Dorgon y sus columnas guerreras atraviesan las puertas de China y derrotan a los campesinos Han. En la capital, dan inicio a la dinastía Qing. 

En resumen, un conjunto de condiciones como reformas del Estado, unificación tributaria, climas benignos, nuevos alimentos, exportaciones cuantiosas y el comercio de plata permiten un largo siglo de estabilidad, riqueza y un salto demográfico. Pero las constantes divisiones entre facciones, tres décadas de inundaciones, y el embiste del norte llevan a la dinastía Ming al colapso. En un intento desesperado, el último general Ming abre las puertas a los nómadas del norte y éstos establecen una nueva dinastía en China.

La dinastía de los Qing iniciada en 1644 sería la última dinastía que conocería China. Pero esa historia merece otra publicación…