La Dinastía Qing: de potencia a colonia
Foto: Xinhua. Foto aérea tomada el 18 de junio de 2020 muestra una vista de las tumbas reales occidentales de la dinastía Qing (1644-1911) en el condado de Yixian, provincia de Hebei, en el norte de China.
La dinastía Qing llevó a China su máxima expansión y apogeo entre los siglos XVII y XVIII. ¿Pero qué causó la caída de su poder en el siglo XIX?

En 1799 fallece el gran emperador Qianlong. Durante su  reinado China alcanzó su máxima expansión territorial y el cenit de la dinastía. El Imperio era el más rico de la tierra y no tenía intención de disimular. Por ejemplo, en 1793 el Rey Jorge III de Inglaterra envió una carta a Beijing solicitando el asiento de una embajada y ventajas comerciales. En su respuesta Qianlong lo trató de vasallo bárbaro y sentenció “no doy valor (…) y no tengo uso para los productos de vuestro país”. En efecto, el país se autoabastece de todo excepto plata ya que no hay nada más en el extranjero que le interese. Hasta el siglo XIX.

En el año 1800 la población en la China Qing es de 300 millones de habitantes. Apenas 30 años después da un salto abrumador demográfico alcanzando los 400 millones. El mundo rural se desestabiliza. La tierra y sus rendimientos no alcanzan y su precio se dispara. Sobrevienen la especulación y la concentración dejando miles de campesinos sin tierra. Los precios de los alimentos siguen los de la tierra. El descontento campesino explotará numerosas veces a lo largo del siglo, adoptando la forma de movimientos religiosos o sociedades ocultas. La primera de ellas es la sociedad secreta del Loto Blanco, le seguirán la Tríada y en la década del 50 la rebelión Taiping. Pero la masa sin tierra, cuando no se rebela, encuentra otro pasatiempo: el opio. 

La amapola real se cultiva en la India y Afganistán y la trafican las compañías británicas. Su fruto es una droga adormeciente y muy adictiva. La primera carga pisa el suelo chino en 1773. Su consumo alcanza niveles impensados. A lo largo del siglo existirán seis decretos prohibitivos y un intento de legalización, todos fallidos. El opio es ilegal pero altamente consumido. La principal consecuencia no es sanitaria sino económica. Por primera vez en la historia de China un país extranjero posee un bien diferente a la plata, que los chinos desean y no producen. Las importaciones de opio serán un grave problema. Entre 1820 y 1825 la balanza comercial es deficitaria. Al mismo tiempo se producen dos fenómenos monetarios. En primer lugar cae la importación de plata por agotamiento de las minas americanas y el fin del colonialismo español, lo que reduce el circulante interno. En segundo lugar se inicia una doble devaluación, del cobre respecto a la plata en el interior del país y de la plata respecto al oro a nivel internacional. El cobre es la moneda que utilizan los campesinos para todas sus transacciones excepto el pago de impuestos, que desde la reforma del látigo único en 1580 se paga en plata. En 1820 un liang (36 gramos de plata) equivale 1.000 piezas de cobre, en 1845 a 2.200. La devaluación perjudica al campesinado en el país y al país en el mundo.

Los factores adversos a los agricultores se acumulan. Las décadas siguientes serán estruendosas. La revuelta más importante por su magnitud y efectos es la rebelión Taiping entre 1851 y 1864. Su líder es Hong Xiuquan, un campesino Hakka del sur que en 1842 conoce un pastor estadounidense e inicia un credo propio, la Sociedad de los Adoradores de Dios. Tomando elementos de las tradiciones chinas y el cristianismo se proclama hermano menor de Jesucristo y profetiza el fin de la dinastía y el inicio de un nuevo tiempo. Las masas derrotan los ejércitos imperiales, ocupan la capital del sur Nanjing y controlan vastos territorios. Se proponen modernizar el país y fundar una nueva sociedad. Al mismo tiempo, las etnias musulmanas de las provincias alejadas se rebelan ante los manchúes y las minorías étnicas de la China tradicional se levantan atemorizadas por el desproporcionado crecimiento demográfico Han. Solo la rebelión Taiping causa un saldo de entre 20 y 30 millones de muertes. El caos se apodera del Reino Medio.

La situación convulsa de guerras internas no pasa desapercibida y pronto es aprovechada por las naciones europeas. En 1842 Inglaterra, con una pequeña expedición, obtiene una embajada. En 1844, Hong Kong y puertos para el opio. Los demás Estados occidentales se le suman. Cada agresión militar es aprovechada para obtener concesiones comerciales, reparaciones económicas y porciones del territorio. El sistema Cantón de puerto único llega a su fin y los Co-Hong desaparecen. Las elites del sur se prestan a colaborar con las potencias, mientras que las elites del norte se resistirán a Occidente durante todo el siglo y reforzarán sus tradiciones confucianas. Hacia finales del siglo, Japón y Estados Unidos se suman a Reino Unido, Francia, Rusia, Austria y Bélgica. Solo entre 1841 y 1887 conducen no menos de 23 expediciones militares. Por medio de la cláusula de nación más favorecida cada concesión china se extiende a los demás países. Frente a cada derrota, es obligada a pagar reparaciones de guerra. Entre 1841 y 1901 paga no menos de 2 millones de liangs. El ataque sobre China es una empresa occidental conjunta. 

El déficit comercial, las rebeliones, el gasto militar y la ineficiencia burocrática producen un nuevo problema fiscal: la caída de los ingresos regulares. Con la pérdida del control territorial los ingresos del gobierno central se desploman aunque no así los provinciales. Para compensarlo Beijing dispone la creación del impuesto Lijin que grava el transporte interno de los bienes manufacturados. La combinación de concesiones a los bienes extranjeros más este impuesto interno a la producción nacional es catastrófica para la tradicional producción intensiva de bienes como la porcelana. El único producto de importancia que aún exportan es el té cuyo valor de exportación anual asciende a los 150 millones de liangs en 1880. Pero ese año, la corona británica dispone el cultivo intensivo de té en la India y Ceilán con lo que pone fin al monopolio del té y hunde su precio internacional.

Aún con todo, la subyugación no es total. En la década del 60 las elites provinciales, frente a la impotencia del gobierno imperial, retoman la iniciativa militar y ponen fin a las rebeliones campesinas y étnicas. Hong Xiuquan es derrotado en 1864 y se suicida. Las provincias de XinJiang y Nian son conquistadas y en 1873 se pone fin a la última rebelión. Tres grandes señores de provincias toman el control. Para hacerlo se alían a las potencias occidentales a cambio de armamentos modernos y préstamos. Al impulso modernizador de los gobiernos de provincias se le suma el gobierno imperial. En 1868 se fabrica el primer barco a vapor chino, en 1882 la compañía eléctrica Shanghai, envían alumnos a Europa y Estados Unidos a formarse en medicina e ingeniería y el tendido ferroviario pasa de 7.700 km en 1840 a 618.400 en 1890. 

Pero este impulso industrializante encuentra pronto un límite. En 1894 Japón entra en guerra con China y destruye por completo su flota moderna. El tratado de Shimonoseki la obliga a pagar reparaciones por 200 millones de liangs y divide China en áreas de influencia entre todos los socios imperialistas. Cuatro años más tarde se produce la última gran rebelión del siglo, la rebelión de los Boxer, no ya contra el gobierno central sino contra las potencias extranjeras. Pero es derrotada en 1901 y China pierde entonces toda su capacidad para resistir los embates e iniciar un proceso modernizador propio. En 1911 tiene una deuda externa de 200 millones de liangs. Trece años más tarde asciende a 800 millones. Es el corolario de su descenso a la categoría de colonia. En 1912 el general Yuan Shikai toma el mando del Estado tras la abdicación de la Emperatriz Viuda Longyuen. La dinastía manchú llega a su fin sin grandes acontecimientos. Se disuelve tras décadas de gobierno intrascendente. Pero este estado de cosas continuará aún medio siglo hasta 1949, año que pondrá fin al siglo de la humillación. 

En resumen la caída y subyugación de la principal economía mundial es larga y compleja. Para ello se combinaron una serie de factores como la explosión demográfica, la concentración de la tierra, las rebeliones campesinas, las prolongadas guerras internas, malas administraciones, doble devaluación, déficit comercial y fiscal, y constantes y coordinados ataques imperialistas durante 60 años. Tras esto China se transforma en una colonia internacional y la dinastía Qing se disuelve.