La importancia de la revolución de 1949 para entender la China de hoy
Foto: GETTY IMAGES
El 1° de octubre se conmemora el 71° aniversario desde que la revolución maoísta estableció la República Popular China. Es importante conocer las medidas tomadas en los primeros años de la revolución que sentaron las bases para lo que sería el ascenso de China como una gran potencia en las últimas décadas.

El 1° de octubre de 1949, la historia de China se partió en dos cuando el líder comunista Mao Zedong (毛泽东) proclamó la fundación de la República Popular China (中华人民共和国) en las puertas de la Ciudad Prohibida (紫禁城) ubicada en la Plaza de Tiananmen (天安门广场). Tras 71 años de comunismo de características chinas, los éxitos están a la vista.

En la actualidad, la República Popular logra posicionarse como la segunda economía más importante a nivel mundial si se mide por su PBI nominal, y la primera por su PBI en paridad de poder adquisitivo (según datos del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial). En términos de comercio y producción, el gigante asiático es el primer productor y exportador mundial de bienes y el segundo importador mundial de productos. En el proceso se ha constituido como una potencia financiera, siendo el principal tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos, además de ser el mayor poseedor de Reservas Internacionales; al mismo tiempo que el yuan (la moneda china) cobra mayor peso en la economía internacional, dado que, en 2016, al menos cincuenta bancos centrales utilizan el yuan como moneda de reserva. Actualmente China ya se constituye como el tercer emisor de flujos de Inversión Extranjera Directa.

Desde el punto de vista occidental, al ascenso de China se lo liga: primeramente, al proceso de apertura iniciado e impulsado por Deng Xiaoping (邓小平) a partir de 1978 -post fallecimiento de Mao-; y, en segundo lugar, a cambios sucedidos entre 1990/2000 (como la asociación a la Organización Mundial de Comercio) que dieron lugar al famoso crecimiento a tasas chinas. Asimismo, se desconoce y subestima, en gran medida, el primer período de la revolución y el punto de partida de la misma.

La proclamación de la República Popular China, sin embargo, no solamente implicó un cambio radical desde el punto de vista económico, sino que también significó cierta unificación social y estabilidad interna necesaria para el progreso. El contexto previo a la instauración de la nueva República Popular había sido difícil y dramático y, desde esta perspectiva, se puso fin a un extenso período de enfrentamientos internos y guerras con invasores externos.

Por ejemplo, las dos Guerras del Opio (entre 1839-1842 y 1856-1860) habían generado gran dependencia de la China imperial con potencias occidentales como Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos e, incluso, Rusia. En el siglo XVIII, China gozaba de una balanza comercial favorable a partir de sus ventas de té, seda y porcelana. Como contrapartida, había un déficit comercial creciente, principalmente con Gran Bretaña. Ante esta desventaja, Gran Bretaña comenzó la exportación ilegal de opio a China. Las guerras se desencadenaron cuando el emperador intentó frenar la entrada de opio debido a  las profundas consecuencias sociales que estaba generando. La pérdida de la guerra por parte de China, significó la obligación de abrir más puertos comerciales, otorgar beneficios arancelarios y permitir la influencia externa sobre el interior del propio imperio. También se impuso la obligación de pagar los costos de guerra y los déficits comerciales y financieros. Esto llevó hacia fines del siglo XVIII a la decadencia del imperio.

Michael Cembalest, Angus Maddison (2008), Grafico de Visual Capitalist

En términos numéricos, y según datos de Angus Maddison, la población china era de 412 millones hacia 1850, descendiendo a, aproximadamente, 350 millones entre 1870/80, para luego retornar a 400 millones en 1900. En tanto que  el PBI pasó de ser 247 mil millones de USD en 1850, a 218 mil millones de USD en 1900; asimismo, el PBI per cápita descendió de 600 USD en 1850 a 545 en 1900.

La decadencia económico-social china durante más de 50 años, fue el caldo de cultivo para la caída del imperio chino a principios del siglo XX. Es así como, en 1920, Chiang Kai-shek (蒋介石), líder del Kuomintang, instauró la denominada República de China -tras un intento fallido del fundador del Kuomintang, Sun Yat-sen (孙逸仙), en 1912-. Sin embargo, el contexto era inestable. Por un lado, había esfuerzos de algunos sectores por reestablecer el antiguo imperio- que de hecho se estableció en el norte de China gracias al apoyo japonés, y se conoció como Manchukuo (满洲国)-. Por otro lado, no había un claro consenso de militares chinos y líderes territoriales sobre el futuro próximo de China. Y, por último, había un creciente avance del comunismo dentro del movimiento campesino.

En este contexto, en 1927, estalló la guerra civil china entre nacionalistas del Kuomintang -bajo el mando de Chiang Kai-Shek-  contra comunistas, liderados por Mao Zedong. Esta guerra civil fue interrumpida en 1937, debido a la  invasión japonesa y al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Ambos bandos chinos, nacionalistas y comunistas, se aliaron temporalmente contra la amenaza externa. La Segunda Guerra Mundial dejó serias secuelas en la sociedad china, que tuvo la segunda cantidad de víctimas fatales, solo por detrás  de la Unión Soviética. Se reportaron, según estimaciones, más de 14 millones de bajas civiles y aproximadamente 2,6 millones de bajas militares. Entre los hechos significativos de la guerra sino-japonesa, se encuentra la Masacre de Nanjing (南京市), en la cual los crímenes cometidos por el Ejército Imperial Japonés dejaron heridas aun latentes dentro de la población china.

Tras el fin de la segunda guerra mundial, la guerra civil siguió su curso  culminando en  1949, con triunfo del bando comunista, mientras que el bando liderado por Chiang Kai-Shek se desplazó hacia la isla de Taiwán. Sin embargo, hacia 1950 la población china apenas superaba los 550 millones de habitantes, en tanto que el PBI alcazaba los 244 mil millones de USD, y el PBI per cápita era de tan solo 448 USD. Esto implicaba que China estaba sumida en un gran deterioro económico. El punto de partida de la nueva República Popular era peor a la situación con la que China había enfrentado las guerras del opio 100 años antes.

En este marco, Mao Zedong impulsó una serie de reformas económicas y aplicó una política de economía planificada con el fin de establecer una nación independiente de las influencias geopolíticas foráneas. En primer lugar, se abolieron todos los privilegios de potencias extranjeras dentro del territorio chino, a la vez que se quitaron derechos territoriales de la oligarquía (que hacía que el sistema funcione de forma pseudo-feudal). Se inició la reforma agraria, la cual concedía parcelas de tierra a las familias chinas; pero también se otorgó créditos para la compra de herramientas y asistencia técnica para la producción.

También comenzaron obras de infraestructura (caminos, puentes, aeropuertos, ferrocarriles, entre otros), a la vez que se fomentó la industria pesada y la producción y extracción de materias primas (carbón, hierro, acero). Se recuperó, además, el control del comercio exterior y de las aduanas. Y se impulsó la creación de nuevos sistemas sanitarios y educativos para atender las necesidades de la población- teniendo en cuenta que la esperanza de vida hacia 1950 era de 44 años, mientras que la tasa de analfabetismo superaba al 80% de la población-.

Celebración en Beijing de los 71° a de la fundación de la República Popular. Imagen extraída de: SCMP Clips.

Los resultados del período maoísta fueron clave y sentaron los pilares fundamentales de la nueva República Popular. Cuando Mao murió en 1978, la población china había crecido un 75% aproximadamente (alcanzando los 956 millones de habitantes). En ese momento el PBI ya superaba los 935 mil millones de USD, y el PBI per cápita superaba los 970 USD. Además, la tasa de analfabetismo se redujo a tan solo el 20% de la población y la esperanza de vida promedio superó los 60 años de edad.  Lo que vendría, ya lo conocemos, y tras el crecimiento exponencial de los últimos 30 años China ya se constituye como una potencia central.

Napoleón alguna vez dijo “China es un gigante dormido. Dejadlo dormir porque, cuando despierte, el mundo se sacudirá”. Tras 71 años de Revolución Comunista, no hay dudas de que la República Popular China ya ocupa un lugar central en la historia de la humanidad.