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martes, mayo 28, 2024

Las migraciones chinas en Argentina: 100% chino y 100% argentino

Las migraciones chinas en el país son mucho más diversas de los que muchos imaginarían. En este artículo te contamos algunas de sus características y también su amplitud.

Algunos símbolos de la migración china en el país nos resultan conocidos, como el Barrio Chino o la celebración del año nuevo y quizás el creciente interés por el idioma mandarín. Otros como las organizaciones comunitarias o las escuelas chinas pueden pasar desapercibidos hasta que nos adentramos un poco más. Algo similar ocurre con las formas de inserción económica de los migrantes de origen chino y sus descendientes en el país. En general conocemos locales gastronómicos o supermercados, pero también hay profesionales de las más diversas disciplinas, incluida la política, el cine, el deporte, la literatura, la enseñanza y otras tantas.

Lejos de responder a estereotipos, las migraciones chinas en argentina son un fenómeno dinámico y con múltiples matices entre los cuales también hay lugar para la argentinidad.

La frase que titula este artículo “100% chino y 100% argentino” es resultado de una entrevista realizada en el marco de la investigación “Identidades chinas en Buenos Aires” dirigida por la Dra. Susana Brauner, historiadora y especialista en estudios en diversidad cultural. La misma refleja la forma de entender la identidad para muchos descendientes de migrantes chinos en el país que reivindican la nacionalidad argentina que les es propia, a la vez que conservan y revitalizan muchas de las tradiciones y valores heredados de sus antepasados.

Para conocer los cruces entre la identidad argentina y la china, revisaremos brevemente cómo han sido y cómo son las migraciones chinas en el país.

Según el Censo Nacional de 2010, la población de raíces chinas en el país ascendía a 11.804 (entre los nacidos en China continental que representan el 75,6% y los nacidos en Taiwán que representan el 24,4% de la cifra). Sin embargo algunas organizaciones vinculadas a las migraciones chinas manejan al día de hoy cifras mucho mayores, llegando a hablarse de 200.000 migrantes registrados y otros 100.000 no registrados. Esto coloca a las migraciones chinas entre los cuatro flujos migratorios más grandes en el país.

La llegada de las migraciones chinas datan desde fines del siglo XIX y continuaron hasta el siglo XXI. El mayor flujo se da entre 1980 y a partir de 1990. Destaca Fujian (sureste de la República Popular China) como la principal región de origen de las migraciones de China continental.

Las razones de su arribo han sido variadas, vinculadas a factores sociales, políticos o económicos dependiendo del momento histórico, y también motivadas por el reencuentro familiar o la presencia de conocidos en el país.

Su inserción económica ha sido mayoritariamente en los sectores medios de la sociedad. Aunque a su arribo destacaron los emprendimientos comerciales, hoy en día hay profesionales  de diversas áreas (abogacía, medicina, arte, academia, política, docencia, etc.) en particular entre los descendientes de migrantes chinos también nombrados en ocasiones como “argenchinos”. A su vez, se destaca la llegada de ejecutivos producto de la instalación de empresas chinas en el país.

La heterogeneidad también se ve en los lugares de procedencia y el tiempo que llevan en el país. Algunos recién llegados y otros con más de dos generaciones viviendo en Argentina. Algunos que piensan en residir permanentemente y otros pensando en regresar.

Las migraciones chinas se han concentrado principalmente en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, pero también tienen presencia entras provincias y ciudades del país. Aunque es pronto para reconocer una tendencia, desde la Cámara Empresarial de Desarrollo Argentino y Países del Sudeste asiático (CEDEAPSA) se habla de una creciente migración dirigida hacia el interior del país desde los últimos años y en particular a partir de la pandemia, principalmente por causas económicas.

Con su llegada han acercado al país tradiciones, celebraciones, artes y saberes propios de la cultura china. Un ejemplo de ello lo tenemos en los Barrios Chinos (uno en la Ciudad de Buenos Aires y otro en Tigre), cuyo carácter no es necesariamente residencial, sino más bien un espacio comercial, turístico, de conservación de las tradiciones y de intercambio intercultural.

En cuanto a su educación, los descendientes de migrantes chinos se han escolarizado en el sistema educativo nacional y en muchos casos también asisten a las llamadas “escuelas de los sábados” (pues en general transcurren los sábados, fines de semana o a contra-turno de la escolaridad obligatoria) donde aprenden el idioma, valores y otros aspectos de la cultura como danzas, caligrafía, cocina, etc. Hoy también existe en la Ciudad de Buenos Aires una escuela pública bilingüe chino-argentina.

También se han creado en el país numerosas asociaciones con identidades diversas (las investigaciones de Grimson, Ng y Denardi abarcan 81 entidades chinas, chino-taiwanesas, chino-argentinas y argentino-taiwanesas). Las mismas pueden tener fines comerciales, sociales, deportivos, culturales o religiosos, y han servido para la mutua cooperación entre migrantes y sus descendientes pero también con entidades no chinas y en ocasiones con la tierra de origen. De este modo han contribuido a la expansión de lazos de cooperación y también a la difusión de la cultura china y los estudios chinos en el país. Aún así, es necesario aclarar que no todos los migrantes se vinculan a estas asociaciones.

En lo religioso también encontramos diversidad: budismo, taoísmo, cristianismo, confucianismo, laicismo e irreligiosidad.

En este escenario de diversidades, un elemento percibido como relevante para la conservación y transmisión de la cultura es el idioma. Si bien la lengua es también un espacio de diversidad, existiendo variaciones regionales, la enseñanza del mandarín se ha extendido en el país como una forma de preservar y revitalizar la sinidad, no solo entre los descendientes, sino también entre la población no china que se ve atraída por la cultura china.

Al día de hoy, como explicamos al inicio, las identidades chinas en el país encuentran múltiples modos de manifestarse y significarse, en ocasiones armónicas y en otras con mayor tensión. Sinidad, argentinidad, taiwanés, chino, argenchino, todo forma parte de un entramado dinámico atravesado por la cultura, la nacionalidad, y el contexto social, político y económico.

El tema es amplio y podría continuar profundizándose mucho más. De momento, sin embargo, nos quedamos con los sabores, sonidos, colores, valores, celebraciones, prácticas, saberes y proyectos que las migraciones chinas han sabido hacer parte de la vida de todos nosotros, nos identifiquemos o no como herederos de la cultura y las tradiciones chinas.

Para quien tenga interés en el tema y desee profundizar o conocer otras perspectivas puede consultar los trabajos de Susana Brauner, Luciana Denardi, Luciana Bogado Bordazar, Carolina Guerra Zamponi y Eduardo Oviedo, entre otros.

* Rayén Torres es politóloga y estudiante de doctorado en diversidad cultural.

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Máster en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE: Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas), Licenciada en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE: Universidad Argentina de la Empresa). Instituto de Artes y Ciencias de la Diversidad Cultural (IDEIA), Universidad Nacional Tres de Febrero/CONICET, Argentina.

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