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domingo, marzo 3, 2024

Milei y China: entre la incertidumbre y los peligros

El futuro de la relación entre Argentina y China está entre los principales desafíos que afrontará Milei. ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de sus dogmas ideológicos?

El presidente electo ha reiterado de manera sistemática su alineación geopolítica con Estados Unidos e Israel mientras en simultáneo sostuvo ataques directos al gobierno de la República Popular China. Luego del domingo 19 de noviembre tres hechos comenzaron a marcar el camino de la relación entre Javier Milei y China. El primero de ellos fue el encuentro de la futura canciller Diana Mondino con el embajador de China en Argentina, Wang Wei. El segundo fue el agradecimiento público de Milei a la carta enviada por Xi Jinping y su invitación a asistir a su asunción el 10 de diciembre. Y, el tercero, se vincula a los trascendidos públicos sobre la suspensión del swap a través de la embajada de China en el país.

Si bien el panorama que rodea al futuro gobierno argentino está plagado de incertidumbre hay un marco coyuntural que establece las problemáticas inmediatas y mediatas a resolver. Es preciso tener en cuenta las dimensiones de estas cuestiones y las consecuencias que podrían implicar.

El comercio

Los datos concretos son los siguientes. Hasta octubre de este año Argentina exportó a China 4.615 millones de dólares lo que representa un 8,2% sobre el total de las exportaciones. Mientras que importó 12.442 millones (un 16,3% sobre el total). El vínculo del comercio con China tiene un impacto directo en la economía argentina desde que comenzó el siglo XXI independientemente de los gobiernos. Durante los últimos cinco años las exportaciones fueron el 9% y las importaciones el 20% del total.

China se ha consolidado como el segundo socio comercial, más cerca de disputarle el primer puesto a Brasil (logrando superarlo durante la pandemia del Covid-19) que de Estados Unidos que está en tercer lugar. No hace falta ser un experto para darse cuenta qué una caída en las exportaciones afectaría directamente a la agroindustria mientras que una caída en las importaciones golpea fuertemente a casi todas las industrias del país.

En reiteradas declaraciones Milei sostuvo que no mantendría “transacciones con comunistas” porque eso iría contra su moral aunque reiteró a lo largo de su campaña electoral que no rompería relaciones diplomáticas y permitiría el comercio libremente con China. En el último debate presidencial llegó a decir que se podría venderles a través de triangulaciones y deslizó la ridícula idea de que otro país podría reemplazar la demanda de China.

En lo inmediato se vislumbra el problema de las importaciones que involucra a dos cuestiones. La primera de ellas es general a las importaciones del país y está ligada a la deuda comercial acumulada. Y, la segunda, está directamente vinculada a la resolución respecto al swap y a la libre disponibilidad de yuanes que permitió a las empresas argentinas realizar importaciones a pagar en esa moneda. No resolver estos dos asuntos en el corto plazo lleva a un parate en la compra de insumos industriales y maquinaria con un alto impacto en la economía en todo el país.

En el mediano plazo (aunque no tanto) las exportaciones argentinas se podrían ver afectadas por el deterioro de la relación diplomática bilateral. Si bien China es el principal demandante de proteínas del mundo, y por eso importa productos agroindustriales de Argentina de manera sostenida, no sería la primera vez que utilice su poder económico para defenderse de agravios y ataques extranjeros. Nadie debería dar por descartada esta posibilidad.

Como precedente sirve recordar lo sucedido en 2010. Luego de que el gobierno de Cristina Kirchner comenzara a establecer medidas proteccionistas contra las importaciones de china ante el aumento del déficit comercial, el gobierno chino estableció trabas sanitarias a la importación de aceite de soja que afectaron directamente a las empresas exportadoras más grandes del país. En aquel año se buscó aumentar la exportación de ese producto a India pero el conflicto bilateral recién encontró solución con el viaje de la mismísima presidenta a Beijing.

China compra y paga pero no hay lugar para ingenuidades. Las dimensiones y la fortaleza relativa de China en cuestiones comerciales no pueden ser ninguneada por ningún analista internacional. Si el gobierno de Milei no toma el asunto con seriedad éste puede ser el detonante de un gran caos económico nacional.

Las finanzas y el swap

Ligado a cuestión comercial aparece el tema del uso del swap. Iniciado durante el último gobierno de Cristina Kirchner, ampliado por el de Mauricio Macri y utilizando yuanes de libre disponibilidad por el de Alberto Fernández esta herramienta aparentemente secundaria terminó permitiendo a la Argentina evitar el default con el mismo Fondo Monetario Internacional durante 2022.

El nuevo gobierno de Milei afronta varios desafíos ante el intercambio de monedas con China. El primer punto tiene que ver con el objetivo originario de esta herramienta que fue fortalecer las reservas del Banco Central. Una caída del swap implicaría hoy una caída de las reservas en 18 mil millones de dólares y alcanzaría al 84% de las reservas brutas totales. Semejante escenario se desataría inmediatamente si el gobierno de Milei buscara terminar las relaciones con el gobierno comunista chino.

El segundo punto a tener en cuenta son el uso de los yuanes de libre disponibilidad. El primer tramo de 5 mil millones prácticamente ya se utilizó y el segundo tramo se habilitó en octubre por un monto equivalente a 6.500 millones de dólares. Estas reservas de libre disponibilidad tienen una tasa de interés del 6% anual (menor al 8,2% de la tasa del FMI). Terminar con el swap implicaría no solo una caída de las reservas brutas sino también el pago de una deuda contraída este año a una tasa menor de la que ya tiene con otras instituciones internacionales.

Está claro que el nuevo gobierno argentino no estará interesado en fortalecer el Renminbi ni apostar por fin del predominio global de la moneda estadounidense pero en caso de terminar con el intercambio de monedas y la deuda contraída con China estaría creando un mayor caos financiero del que ya cuenta.

Las inversiones

Entre los trascendidos de la embajada china en Argentina se expresa una clara voluntad de continuar con inversiones estratégicas como la de la represa Jorge Cepernik. Las inversiones de empresas de capitales chino en general posiblemente no sufran las consecuencias de la llegada del gobierno de Milei en cuestiones ligadas al derecho a la propiedad o a su normal funcionamiento en el país. Importantes empresas de los sectores energético, minero, alimentario, automotriz y bancario (entre otros) se han instalado en el país durante los últimos años y en principio no están en el foco de los ataques.

Lo que sí habría que resaltar de manera tajante es la nula viabilidad de inversiones “estratégicas” que se venían planteando. Así como las inversiones en represas fueron paralizadas durante el gobierno de Macri, las grandes inversiones de este tipo estarán paralizadas o difícilmente lleguen a existir. El principal escollo no estará a partir de la misma ideología del nuevo presidente electo sino en la alineación geopolítica con Estados Unidos. El gobierno norteamericano ya viene presionando al gobierno de Alberto Fernández para impedir inversiones como la del proyecto de Atucha III, la llegada de Huawei como proveedor de 5G, inversiones en infraestructura portuaria con proyección antártica o la compra de aviones para la fuerza aérea. En este contexto también pueden entrar en discusión el futuro de la base espacial en Neuquén, inversiones de empresas en la extracción de litio y otras inversiones en asuntos considerados estratégicos por el Departamento de Estado.

Geopolítica multipolar o “alineamiento con occidente”

La relación entre Argentina y la República Popular China cumplió 50 años en 2022. Entre los especialistas se destaca que es una relación que careció de grandes tensiones y que fue creciendo cuantitativamente y cualitativamente de manera acelerada en las últimas décadas. Intereses comunes como la recuperación de las Islas Malvinas o Hong Kong permitieron una rápida sintonía en cuestiones de descolonización y en los últimos años el vínculo económico permitió pensar un futuro en el cual era posible una complementación estratégica.

Los vínculos bilaterales se mantuvieron a pesar de los vaivenes que trascienden a los gobiernos argentinos y sus orientaciones ideológicas derechistas. El primer presidente argentino en pisar Beijing fue el dictador Jorge Videla en 1980 para intentar aumentar las exportaciones agrícolas mientras que el primer presidente extranjero en llegar a esa misma ciudad luego de los sucesos de Tiananmén en 1989 cuando el gobierno norteamericano imponía sanciones fue Carlos Menem. Incluso el mismo Mauricio Macri que tuvo algunos inconvenientes en un comienzo con esta relación bilateral participó del Foro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en 2017 y duplicó el monto del intercambio de monedas entre bancos centrales.

La novedad en este caso es que durante los últimos cuatro años Argentina y China profundizaron su relación bilateral a niveles sin precedentes. Argentina se incorporó al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) en 2021, a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) en 2022 y a los BRICS en 2023 (con posibilidad de hacerse efectiva su incorporación el 1 de enero de 2024). La futura canciller Diana Mondino resaltó luego de la reunión con el embajador chino que Argentina no se sumará a los BRICS mientras que aún no hay declaraciones que hagan referencia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Esta decisión cargada de prejuicios ideológicos no será gratis y deberá definirse en los hechos en las próximas semanas. Tanto Lula como Xi Jinping fueron los principales artífices para que Argentina se incorpore a este bloque geopolítico y una retirada semejante podría tener consecuencias que dinamiten las relaciones futuras con los dos principales socios comerciales del país.

Milei tendrá sus prejuicios ideológicos, pero como todo presidente estará condicionado por una realidad global que en este caso es sumamente compleja. Ninguna decisión que su gobierno tome en contra de los intereses de China (o Brasil) en avanzar en un mundo multipolar tienen algo de positivo para la economía argentina. Sus dogmas van en contra del pragmatismo que requiere un mundo con grandes cambios y si no reacciona a tiempo los errores geopolíticos le saldrán muy caro a su gobierno. El gran problema es que no habría nadie para pagar las consecuencias entre “sus aliados occidentales” y quienes padecerían las consecuencias son los mismos 47 millones de argentinos.

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Es Profesor y licenciado en Filosofía (UBA), ha realizado estudios de posgrados sobre comunicación política y es Especialista en Estudios en China Contemporánea (UNLA).

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