Mitos y verdades sobre los Barrios Chinos
Los Barrios Chinos son conocidos a lo largo del mundo. Sin embargo, en el imaginario colectivo existen varios mitos sobre los mismos. En este artículo veremos por qué son un fenómeno socio cultural mucho más diverso y complejo de lo que se ve a simple vista.

Las migraciones chinas se han dispersado a lo largo del mundo, y han encontrado distintas formas de mantener viva la cultura relativa a sus orígenes, y de trasmitirla a otros. Una de ellas son los Barrios Chinos (中国城), conocidos por el comercio y el turismo, pero que también representan espacios de interculturalidad, asociativismo, cooperación, y en ocasiones espacios de disputa.

En Argentina encontramos como principal ejemplo el Barrio Chino de Belgrano, en la Ciudad autónoma de Buenos Aires. También fue inaugurado un Barrio Chino en Tigre en 2015, ubicado frente al río, cercano al puerto de frutos. Su creación fue iniciativa de la Asociación Cultural Chino Argentina, la Asociación del Barrio Chino de Buenos Aires, y el Parque de la Costa, con fines comerciales, pero también de promoción cultural. Sin embargo, a partir de la pandemia, el mismo ha sido cerrado.

El Barrio Chino de Belgrano, por su parte, tiene más de 30 años de historia. Si bien la pandemia ha dificultado la situación de muchos de sus locales, se encuentra abierto y recibiendo visitantes cada semana. Originalmente ligado a la migración taiwanesa, se lo conocía como “calle Taiwán”. La zona adquirió su identidad como “Barrio Chino” a partir del 2005, situándose entre las calles Juramento, Arribeños, Av. Monroe y Montañeses. Para entonces las migraciones provenientes de China continental ya eran numerosas en el país.

Para conocer mejor sus características propondremos algunos mitos o preconceptos que pueden escucharse con frecuencia y explicaremos por qué los mismos no son del todo precisos ni logran captar la riqueza social y cultural que ofrecen estos espacios en general y el Barrio Chino de Belgrano en particular.

Barrio Chino de Belgrano. Fuente: Rayén Torres

Mito 1: Son barrios en donde viven las personas de origen chino

Los Barrios Chinos no necesariamente cumplen una función residencial. En algunos sitios como San Francisco (Barrio Chino más antiguo de América del Norte), confluyen el turismo, la actividad comercial y la residencia mayoritaria de migrantes chinos y sus descendientes (alojando una de las comunidades chinas más grandes fuera de Asia). En otros casos, como en la Ciudad de Buenos Aires, la zona aledaña al barrio no presenta una mayor concentración de migrantes o descendientes de chinos que otras áreas de la ciudad. Esta situación, para algunos, ha puesto en cuestión la pertinencia de nombrarlo como barrio.

Las migraciones chinas en el país se caracterizan más bien por su dispersión territorial, en ocasiones situando sus viviendas cercanas a sus negocios. Si bien son sitios en los que la cultura se hace presente, la vida étnica puede encontrar muchos otros espacios de desarrollo.

En Belgrano, la presencia mayoritaria de vecinos no asiáticos ha generado tanto cooperación como tensiones. Muchos vecinos colaboraron con los migrantes a la hora de establecerse y aprender español. Al mismo tiempo, se han manifestado resistencias frente a varios proyectos relacionados al barrio, como la instalación del arco en la entrada del mismo, o hacer peatonal la calle arribeños.

Mito 2: Solo hay comercios chinos

En los Barrios Chinos encontramos expresiones culturales asiáticas muy diversas. Un ejemplo es que en el Barrio Chino de Tigre solían realizarse festivales de animé y celebraciones referidas a la cultura japonesa. Los comerciantes de los Barrios Chinos y los productos que allí se encuentran pueden tener diversas procedencias además del origen chino: vietnamitas, japoneses, coreanos, tailandeses. Sin ir más lejos, los aclamados helados Melona, degustados asiduamente en el Barrio Chino, son un producto originalmente coreano. Más bien estos espacios han dado la oportunidad al encuentro y cooperación, a veces armónico y a veces con tensiones, entre las culturas y migraciones asiáticas.

Mito 3: Todos los Barrios Chinos son iguales

No existe un “Barrio Chino tipo” o un modelo único de Barrio Chino. Aunque suele decirse que los mismos se localizan en ciudades portuarias, dado que son zonas propicias para el comercio, el crecimiento de las migraciones chinas ha dado origen a múltiples barrios en distintas localizaciones y con características particulares acorde a cada sitio. Los Barrios Chinos pueden proyectar una imagen de homogeneidad que incluso nos haga pensar en una cultura china también homogénea. Sin embargo, reflejan las diversidades y los dinamismos de las migraciones asiáticas y su vinculación con el entorno.

Mito 4: Su única función es comercial y turística

Si bien las dimensiones comercial y turística son características relevantes y predominantes de estos espacios, no son las únicas. La cultura también juega un papel central. Quienes han estudiado este fenómeno en las ciencias sociales coinciden en que son espacios de interculturalidad o multiculturalidad en el cual se configuran distintas identidades, nacionalismos, tensiones y cooperación social y política.

Además de comercios y locales gastronómicos, en los Barrios Chinos pueden encontrarse templos, iglesias, asociaciones comunitarias y escuelas. También son el escenario de celebraciones, talleres y actividades culturales de todo tipo.

Mito 5: Son lugares “peligrosos” o “sucios”

Más allá de los aspectos culturales e identitarios, los Barrios Chinos no son necesariamente distintos a otras zonas comerciales, y pueden presentar los mismos inconvenientes propios de la gran afluencia de personas y la actividad económica que se desarrolla en ellos, como en cualquier otro sitio con similares características. Sin embargo, no puede obviarse que históricamente han existido y aún persisten una serie de estereotipos y prejuicios sobre la sinidad que influyen en la imagen que podemos tener de estos espacios.  Tal es así que, en ocasiones, particularmente a inicios del siglo XX, la expresión “Barrio Chino” fue utilizada despectivamente para designar zonas (no vinculadas a las migraciones chinas) con altos índices de delincuencia, actividades ilegales o en las que se ejercía la prostitución.

Por otro lado, también hay un creciente interés en la cultura china y sus diversas manifestaciones que convoca a miles de visitantes cada semana y que, junto a la difusión de información especializada, contribuye a ir construyendo una imagen más desprejuiciada de las culturas asiáticas en general y de la china en particular.

Los Barrios Chinos son un fenómeno dinámico influido no solo por las migraciones sino también por las relaciones internacionales y la política y el comercio mundial. Algunos son centenarios (el Barrio Chino más antiguo fue fundado en 1594 en Manila, Filipinas) y otros de muy reciente creación. Algunos pequeños, en una cuadra o incluso predios, y otros de gran extensión. En África, Europa, América, Asia y Oceanía, podemos reconocerlos por sus símbolos, la oferta gastronómica, o la escritura china, a veces presente en la señalética de las calles y estaciones aledañas. Aún así, con un poco de atención, encontraremos aquello que hace a cada uno único. Adentrarnos en un Barrio Chino puede ser una experiencia intercultural y reflexiva completa que nos haga sentir más cercanos, aún en tiempos de distancias.

* Rayén Torres es politóloga, becaria doctoral del CONICET en el Doctorado en Diversidad Cultural y ha participado en investigaciones sobre las identidades chinas en Argentina.