Nüwa, Fuxi y la creación de la humanidad
Foto: View of China
Esta pareja emblemática de la mitología china es el punto de partida para las grandes proezas de la antigüedad. Una de Marvel, en versión oriental.

Dentro de la cosmogonía china existe un mito inicial que incluye al gigante PanGu, quien nace de un huevo milenario y, en esa eclosión, separa al Cielo de la Tierra. Luego haber sostenido esta distancia por unos 18 mil años, este inmenso ser se queda dormido y muere, pero cuentan que de los restos de su cuerpo fueron creadas las grandes maravillas de este mundo. Para los fans de esta versión, los humanos surgieron de sus pulgas. Y esos primeros humanos fueron Nüwa y Fuxi.

Otras versiones más estelares ignoran por completo al gigante PanGu y empiezan su relato con la figura de Nüwa como la diosa de la Luna y Fuxi como el dios del Sol. Se los suele graficar con torso humano y cuerpo de serpiente, entrelazados y rodeados de constelaciones. Ella sostiene un compás y él una escuadra, representando las bases de las polaridades terrestres. Digamos que son la primer pareja de la historia china, considerados los fundadores de la humanidad.

Cuentan algunas fuentes que, en realidad, eran hermanos y en su deber de poblar la Tierra consultaron al Cielo si debían “unirse”, para lo cual ascendieron a la montaña Kunlun. Propusieron encender dos fogatas: si el humo de ambas se juntaba, la respuesta divina era que sí; mientras que si el humo se disipaba, era que no… y se juntó, el humo y la pareja.

Otros aseguran que Nüwa fue la creadora de los seres humanos, los cuales modeló a partir de arcilla amarilla reforzada con cuerdas internas, a fin de que pudieran mantenerse de pie.

Una vez comenzada la humanidad, Fuxi se encargó de dotarla de varias habilidades importantes. La más famosa es que nos enseñó a pescar: en principio con las manos y luego con una red, inspirada en las telas de las arañas. También nos enseñó a domesticar animales.

Otra de sus invenciones fueron los ocho trigramas del BaGua, que son la base del famoso Yi Jing (I Ching), uno de los libros más difundidos y misteriosos de la historia, donde se explican las relaciones elementales entre las energías del Cielo y la Tierra.

Además instruyó a las personas en la fundición del metal y la cocción de los alimentos, creó instrumentos musicales y sentó las bases del orden social (como el matrimonio, las leyes e incluso el calendario). Muchos le atribuyen también la invención de la escritura y la cría de gusanos para la seda.

Sin embargo, el momento cúlmine de este relato mítico llega con una catástrofe natural que es relatada en muchísimas cosmogonías: una inundación tan grande que abarca toda la Tierra y conlleva la muerte de casi todos los seres. En este caso, el suceso se cuenta como consecuencia de una batalla entre el dios del Agua y el dios del Fuego, que–en términos chinos–sería como decir que el Yin se pelea con el Yang es decir un caos apocaliptico.

Tan tremenda fue la contienda, que el Cielo “se rompio” y cayó sobre la Tierra que–al no poder sostenerlo–comenzó a inundarse.

Nüwa conmovida por el sufrimiento de sus hijos humanos, procura reparar el Cielo con piedras de cinco colores. Al ver que no puede, recurre a la tortuga Ao, quien permite que Nüwa le corte las patas para con ellas sostener el firmamento.

Otras versiones, quizás mas proteccionistas, proponen que Nüwa, comprendió que ninguna de esas opciones lograría reparar el desastre, y se sacrificó para restituir el orden terrenal, cubriendo el desgarro del cielo con su propio cuerpo. Cuentan que tarde o temprano el agua bajó, algunos humanos volvieron a poblar la Tierra y gracias a estos “padres cósmicos” es que podemos contar estas historias…