¿Qué sabemos de las vacunas chinas contra el COVID19?
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El 16 de marzo se aplicó la primera dosis de la vacuna desarrollada por el laboratorio Modena en los Estados Unidos. Unas horas más tarde pasaba lo propio en Wuhan. Acá un breve repaso desde ese día a la fecha.

El 4 de diciembre, el diputado Wang Junzhi afirmó que se encontraban preparadas 600 dosis de vacuna para aplicar a su población y que en unas semanas más iban a haber “grandes novedades” en torno a este tema. En simultáneo, el gobierno chino ordenó a los laboratorios la intensificación de su producción.

No es menor dicha orden: la producción de vacunas chinas tendrán un impacto a nivel mundial ya que Beijing se ha comprometido a ayudar a los países en vías de desarrollo a darles un trato preferencial en la adquisición de las mismas.

De las doce vacunas existentes en desarrollo a nivel mundial, cuatro vacunas son desarrolladas en China, encontrándose todas en fase tres. Es de destacar que dos de esas vacunas están siendo desarrolladas por el Grupo Farmacéutico Nacional de China de capital estatal, o Sinopharm, ambos a través de su filial China National Biotec Group (CNBG).

La empresa Sinopharm viene realizando pruebas en humanos desde junio en los Emiratos Árabes Unidos. En la Argentina, se encuentra desarrollando su prueba en convenio con Fundación Huésped. La empresa Sinovac, que cotiza en Nasdaq, se encuentra desarrollando la vacuna Coronovac y comenzó sus pruebas en San Pablo, Brasil.

El tercer actor involucrado en desarrollo de vacunas, es CanSino Biologics quienes están desarrollando la vacuna en cooperación con el ejército chino Con 40 mil voluntarios, ya se encuentra en fase tres y cuenta con la ayuda de la experta china en enfermedades infecciosas Chen Wei, una científica militar muy apreciada por su trabajo en una vacuna contra el ébola.

En torno a su desarrollo específico, se destaca que las vacunas de Sinopharm y Sinovac se encuadran dentro de la lógica “clásica de las vacunas”: utilizan las células muertas del virus para generar inmunidad. La Cansino (como la vacuna de Oxford y la Sputnik V), por su parte, se compone de una versión debilitada del virus de los resfriados para ayudar a la persona a desarrollar los anticuerpos. 

En contraposición se encuentran las vacunas de Pfizer y Moderna que optaron por desarrollar una fórmula novedosa: a partir de la utilización de ARN mensajero, instruyen al sistema inmunológico a desarrollar una defensa contra el virus sin introducir nada del mismo. 

La apuesta por lograr un freno contra el COVID-19 implica un gran esfuerzo en la producción para las cuales las empresas chinas se encuentran preparadas. Sinovac, por ejemplo, tiene una planta de 20.000 metros cuadrados que podría llegar a 300 millones de dosis al año, según su presidente. Mientras tanto, Sinopharm que en julio inauguró una nueva planta apuntan a duplicar su producción, se propone llegar a 200 millones por año.