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sábado, mayo 18, 2024

Shen: la chispa divina

Dentro de las artes milenarias chinas existen algunos conceptos imposibles de traducir, entre ellos los llamados “tres tesoros” o San Bao que incluyen al Shen, al Qi y a Jing. En esta nota nos ocuparemos del primero, cuyas profundas raíces se remontan a la Dinastía Zhou Occidental allá por el año 1000 antes de Cristo. En aquella época aparecieron los primeros ideogramas que lo representaban como “aquello que se manifiesta desde el cielo”.

Varios autores occidentales como Giovanni Maciocia o Elisabeth Rochat de la Vallée proponen definirlo como espíritu, mente, conciencia, emoción, incluso alma pero indicando que los abarca a todos, sin ser exactamente ninguno. Lo que si está claro es que Shen es algo que nos aporta el Cielo y que define todo aquello que somos, desde su aspecto inmaterial.

Conviene aclarar que el término Shen  神 no implica un significado religioso y se refiere mas bien al intento de describir nuestra experiencia de “ser espiritual” o “deidad”. Por eso cuando se habla de Cielo los textos clásicos se apunta a “aquello que está mas allá de nosotros”, puede ser Universo o puede ser Destino.

El Huainanzi, texto clásico del taoismo, describe al Shen de esta forma: “Sus movimientos están ocultos, sus cambios y transformaciones son divinos; no deja rastros en su progreso; siempre está a la cabeza”.

Con el tiempo, esa noción de Shen celestial, fue evolucionando hacia un Shen mas personal mediante el cual nos conectamos con lo divino. Los maestros clásicos indican que es a través de Shen que nos irradiamos al mundo. Ese resplandor espiritual -que se puede ver en ese brillo especial que tienen los ojos cuando se está inspirado. Se manifiesta como nuestra sabiduría, bienestar emocional, virtud y calma.

Se indica además que el Shen habita en el corazón y en la sangre, regulando todos los movimientos del Qi, coordinando el funcionamiento mental, emocional y físico.

Como eje central de los WuShen (5 espíritus: Po, Hun, Yi, Shen, Zhi) que habitan en cada órgano yin del cuerpo, el Shen es el encargado de la coordinación y la consciencia, rigiendo como un emperador en la coherencia e integridad del ser.

Cuerpo y espiritu, como un todo, aseguran un intercambio vital que nos guía a un estado de conciencia muy superior a la razón intelectual y bastante mas cercano a la sabiduría. Es el Shen el que le da a la mente humana su visión clara e inteligencia y quien hace posible que el corazón reconozca intuitivamente la naturaleza de las cosas.

La evaluación del Shen es una de las claves del diagnóstico en la medicina china y aporta información sobre la psique del paciente. Se indica a los terapeutas que: “mientras el Shen esté arraigado al cuerpo, todo tratamiento es útil y resultará en salud, en tanto que un Shen disipado o perdido, hará de cualquier práctica una pérdida de tiempo”.

Un excelente punto para aquietar y centrar el Shen es PC8 (LaoGong), punto fuego del meridiano de Pericardio, ubicado en el centro de las palmas de las manos. Estimularlo suavemente con un masaje ayuda a recuperar la conexión con el propio ser y con el todo.

Shen es la quintaesencia de cada ser vivo, es aquello que nos individua y también aquello que nos une. Nos acerca al conocimiento y nos vacía de razón, nos anima, nos entusiasma, nos da un sentido, un camino. Nos enraiza con esta vida y también con el destino.

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