Sorteo del libro “China, América Latina y Argentina”
Foto: Portada del libro "China, América Latina y Argentina".
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Fernando Bulggiani y Li Renfang son los editores del libro “China, América Latina y Argentina. Desafíos y oportunidades de una relación estratégica en un nuevo contexto regional” que sortearemos a través de nuestra cuenta de Instagram.

El libro cuenta con un Prólogo elaborado por Sabino Vaca Narvaja (actual Representante Especial para la Promoción Comercial e Inversiones de la embajada argentina en China) que podrán leer en esta publicación. En el mismo se podrán leer un total de 11 artículos en el que analizan las transformaciones que se llevan adelante en el gigante asiático, las oportunidades de la relación con América Latina y las particularidades de la relación bilateral con Argentina.

Portada del libro.

“China, América Latina y Argentina” es la tercera Co-edición del Instituto de Estudios de Latinoamérica y el Caribe de la Universidad del Suroeste de Ciencia y Tecnología en China y la editorial de la Universidad de Lanús en Argentina.

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👉El sorteo se realiza el viernes 4 de diciembre

Artículos del libro

1. América Latina y el Caribe en clave china. Por Gustavo A. Girado

2. Los desafíos de una relación asimétrica. China, Argentina y América Latina. Por Sabino Vaca Narvaja

3. ¿Hacia un orden mundial postoccidental? Por Mariano Baladrón

4. China, Estados Unidos y América Latina en el nuevo escenario internacional. Glosas para un Proyecto Nacional. Por Gonzalo Cueto y Silvano Pascuzzo

5. Política Nacional hacia China para una Argentina en desarrollo. Por Leandro Compagnucci

6. ¿Por qué enfrenta la Argentina repetidas crisis monetarias? Por Hu Bo y Li Jinbing

7. Las contradicciones de la política económica de Macri y su impacto macroeconómico. Por Li Renfang

8. Los límites del modelo económico: reflexiones a partir de la historia reciente de la economía argentina (2003-2019). Por Andrés Asiaín y Nicolás Zeolla

9. El estado de la cooperación en materia energética entre China y la Argentina. Por Wang Faye y Zou Zhan

10. La construcción de mecanismos de intercambio en el ámbito de las Humanidades entre China y Argentina en la Nueva Era. Por Guo Cunhai

11. China como problema y solución para los desequilibrios argentinos. Por Fernando Suárez Rubio

 

Prólogo de Sabino Vaca Narvaja

Estas líneas fueron escritas de manera urgente, en un momento crítico no solo para China, si no para el mundo en su conjunto. Es mi intención ofrecer una serie de ideas provisorias como así también algunos argumentos que, espero, puedan ser útiles para futuras discusiones. Desde que a fines de diciembre de 2019 fueron detectados los primeros casos de enfermedad por coronavirus o Covid-19,[1] la patología se ha transmitido de manera vertiginosa a través de los cinco continentes, por lo cual hoy estamos hablando de una epidemia a nivel global.[2] Este proceso ha generado una crisis no solo sanitaria, sino también económica, política y social. Debido al dinamismo con el cual se fueron desarrollando de los hechos, representa para mí un desafío escribir inmerso en una situación como la actual, cuyas consecuencias resultan a todas luces impredecibles.

Un artículo reciente dejaba planteada la pregunta acerca de si la epidemia por coronavirus podría dar por tierra con el actual proceso globalizador.[3] Asimismo, el mencionado texto hacía hincapié en que la epidemia provocó un efecto dominó sobre la economía mundial, comprometiendo el flujo internacional de dinero, bienes y personas. Otro escrito, el informe de marzo de este año de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), iba un poco más allá y subrayaba los graves efectos de la Covid-19 sobre las perspectivas económicas del país asiático. A la vez, hacia énfasis en que —al momento de declararse el brote epidémico en Wuhan— la economía mundial venía mostrando incipientes señales de estabilización y algunas incertidumbres estaban siendo despejadas una vez cerrada la fase inicial del acuerdo económico entre los Estados Unidos y China.

Lo que hace dos meses atrás se inició en el centro mismo de China, posee ya efectos globales. En los últimos 20 años, el gigante asiático se ha convertido en la economía más dinámica, “el mayor exportador del mundo y una pieza clave de las cadenas de producción global (…) Es un proveedor fundamental de bienes y componentes de automóviles, teléfonos celulares y equipo médico entre muchos otros productos”.[4] El gigante asiático no solo vende sino que también demanda productos cada vez más sofisticados, ya que es una aspiradora y un generador importante de todo lo que sucede en el globo, por lo cual, lo que sucede en China tiene necesariamente repercusión a escala mundial. Tomemos, por caso, lo sucedido con la empresa Apple, que vio disminuida en un 60% la demanda de sus iPhone en China. A la vez, la producción se vio paralizada y el abastecimiento mundial de estos productos, así como de otros, fue seriamente afectada cuando el gobierno chino puso en cuarentena al país.[5]

La desaceleración económica del gigante asiático a causa de las medidas implementadas por el gobierno para contener el brote por coronavirus hizo que la producción se sumerja en los niveles más bajos desde 2004. A su vez, esto impactó fuertemente en varios de los países industrializados al punto que sus bancos centrales se vieron obligados a reducir sus tasas de interés para “estimular la economía y contrarrestar el pánico en los mercados financieros”, que registraron “una caída continua en este período”.[6] De acuerdo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el impacto de la crisis sanitaria sobre la economía mundial era, hacia fines de febrero, de aproximadamente 50.000 millones de dólares.[7]

Como he señalado, China se transformó en las últimas décadas en un factor clave para comprender la evolución y las perspectivas del proceso de globalización: el gigante asiático aceleró el paisaje económico mundial debido a su notorio desempeño en cuanto a crecimiento económico, comercio internacional, inversión extranjera directa e innovación tecnológica y su papel como fuente de financiamiento internacional. A la vez, reforzó los vínculos entre las economías en desarrollo y contribuyó, asimismo, a un ciclo nunca visto de crecimiento, comercio, inversión, reducción de la pobreza y avances en la internacionalización de las economías emergentes.[8]

Por caso, la iniciativa de la Franja y la Ruta —ambicioso proyecto delineado por el presidente Xi Jinping durante su visita a Asia Central y al Sudeste Asiático en 2013—, definió el escenario para una nueva estrategia de política exterior y desarrollo. La propuesta —basada en dos pilares, el cinturón económico de la Ruta de la Seda y la Ruta marítima de la Seda del siglo XXI— abarca a la fecha a más de 60 países a lo largo de tres continentes y tiene por objeto crear rutas económicas y financieras integradas en los países del cinturón y del camino, con la finalidad de promover el desarrollo e impulsar la cooperación entre las naciones que atraviesa.

La importancia de la “globalización con características chinas”[9] ha quedado expuesta en el impacto negativo que la actual epidemia generó en la economía mundial. Recordemos, a modo de ejemplo, lo sucedido cuando se produjo el desplome de la bolsa de Shanghái como consecuencia del estallido de la burbuja accionaria, en 2015: el temor de los inversionistas ante un freno en la marcha de la economía china generó un sentimiento de desconfianza que acabó por contagiar al resto de los principales mercados financieros del mundo. Sobre este episodio volveré a referirme más adelante.

Vuelvo al interrogante inicial ¿puede una epidemia, por sí sola, poner en discusión a esta ola más reciente de globalización? Si bien la economía de China es la más afectada, es innegable que el resto de las economías de Asia, así como las de las otras regiones del mundo, están sufriendo las consecuencias de la epidemia. No obstante, es prematuro hablar del fin de la globalización y el multilateralismo, ambos estandartes defendidos enérgicamente por el gobierno chino.

No es el primer reto al que se enfrenta el proceso de globalización: como destacara John Feffer, antes hubo de enfrentarse a considerables desafíos como la crisis financiera y económica mundial de 2008-2009, la pandemia del SARS[10] que se propagó desde Hong Kong y el sur de China en 2002-2003, o el “efecto 2000” (Y2K).[11] Lo particular de este momento, de acuerdo a la original tesis del autor, es que la globalización económica recibe embates desde diferentes frentes.

Algunos análisis críticos señalan que la Covid-19 no habría hecho otra cosa que activar una crisis que es inherente al sistema capitalista.[12] La desaceleración de la integración económica mundial en la última década, los escasos efectos de la globalización para paliar el lastre de la desigualdad económica,[13] sumado a los efectos del calentamiento global y el cambio climático sobre el medio ambiente, parecieran darles la razón. Aunque quizás, el mayor desafío al que se enfrenta la globalización es otro: la necesidad de dar respuestas a la incertidumbre que generan el aislacionismo y el proteccionismo económico que hoy se expanden como (otra) epidemia a nivel global. China goza de un rol protagónico cada vez mayor en el escenario internacional, lo cual ha llevado a que su líder, Xi Jinping, asevere en diferentes foros internacionales que la globalización y el multilateralismo son las fuerzas que han de conservar la paz mundial y promover el desarrollo de los pueblos.

Paradójicamente, a la par del señalado mayor protagonismo chino, el país que en el pasado levantaba el estandarte del libre comercio, Estados Unidos, se ha embanderado tras las consignas del “America First” ciñéndose a una agenda cada vez más proteccionista. El ascenso de Donald Trump al gobierno estadounidense en enero de 2017 vino acompañado por el rechazo de parte del país del norte a los principales acuerdos de comercio que regulan el proceso de globalización y un claro abandono del multilateralismo.

El comercio mundial, como sostuve en diferentes artículos, se ha visto afectado por el conflicto comercial que enfrenta a Estados Unidos con China desde hace más de dos años. Si bien a mediados de enero último ambos países anunciaron haber alcanzado un acuerdo, la mayoría de las tarifas y aranceles recíprocos seguirán vigentes.[14] El trasfondo detrás de las sanciones impuestas por los estadounidenses a los productos chinos comporta algo más que una mera controversia sobre asuntos comerciales. Si bien la administración Trump necesita equilibrar la balanza comercial con China —en 2018 tuvo un déficit cercano a los USD 443 miles de millones, de acuerdo con datos extraídos de United Nations International Trade Statistics Database— el hecho de que el gigante oriental esté tomando la delantera tecnológica, en especial en sus núcleos más dinámicos, ha provocado una recia respuesta por parte de Estados Unidos.[15]

China tomó la delantera en la competencia por el desarrollo del 5G, y esto explica en buena parte la reacción estadounidense prohibiendo el uso de dispositivos y servicios comunicacionales chinos (en particular en instituciones militares y gubernamentales), alegando que por detrás de esa industria se encuentran los servicios de inteligencia de China.[16] Incluso, la administración Trump ha tratado de boicotear el 5G chino con misiones a los países que vienen negociando la implementación de su infraestructura de Internet con el gigante tecnológico Huawei.

China sabe y es consciente de su posición de liderazgo y demostró ser un actor globalmente responsable. Su control de la epidemia viene siendo exitoso y el número de contagios en China continental no solo han disminuido, si no que gran parte de estos últimos han sido casos importados. Por otro lado, las variables macroeconómicas han ido mejorando paulatinamente. Como ha señalado la directora de división de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Pamela Coke-Hamilton, esto fue posible debido a que China sacrificó su economía, al menos durante las primeras semanas.[17] El gobierno chino efectuó cierres planificados de industrias y restringió el movimiento de personas, ambas medidas necesarias, aunque con el costo en materia económica que antes señalásemos. También adoptó estrictas medidas para contener la propagación de la epidemia a expensas de las ganancias económicas a corto plazo.

A la par del trabajo esforzado desplegado en materia sanitaria para paliar el pico de contagio, China ha puesto en marcha, progresivamente, nuevas medidas para apoyar el comercio exterior y la inversión en caso de que el empeoramiento de la situación en el exterior pueda hacerse sentir aún más sobre las cadenas industriales mundiales. En respuesta al freno económico, el banco central chino inyectó un fuerte volumen de liquidez en el sistema financiero. El Consejo de Estado, incluso, comprometió miles de millones de dólares para la compra de acciones a través de más de 30 empresas de gestión de activos que operan en el país.[18] Como en la crisis bursátil de 2015, el gobierno chino salió a apuntalar los precios de las acciones para evitar el crash financiero. China está logrando salir de esta coyuntura con un Estado presente. Como resultado de políticas activas y directas, el mercado de valores había crecido a principios de marzo un 10 por ciento y el yuan había recompuesto su cotización a pesar de la progresión de la epidemia.[19]

Pese a los esfuerzos desplegados por China y los logros alcanzados en la lucha contra la Covid-19, no deja de sorprender algunos relatos cargados de estigmatización y prejuicio hacia el país asiático. Lian Yi Zheng, editor en jefe del Hong Kong Economic Journal, señalaba que las epidemias, en ocasiones, son también sociales y políticas. Un diario australiano publicó en su portada una máscara roja estampada con la frase “Chinese Virus Pandamonium”,[20] poniendo énfasis en la palabra “panda”.[21] El panda es símbolo de la tradición y cultura china, y sus colores blanco y negro significan el yin y el yang: de ahí la asociación con la Nación del Medio. Mientras esto sucedía, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconsejaba nombrar a las enfermedades con el nombre de lugares y grupos humanos, entre otras cosas, a fin de evitar un efecto negativo sobre ciertas comunidades.

Algunas otras expresiones, en cambio, exhiben cierto prejuicio ideológico (cuando no, un interés calculado) al criticar una supuesta gestión desacertada de la crisis por parte del gobierno chino, pero asimismo lo hacen —contradictoriamente— cuando exhiben sus logros. Por caso, The Atlantic hacía hincapié en que la vigilancia y la censura dificultaron una ágil y efectiva respuesta ante la epidemia, exponiendo las debilidades de los “regímenes autoritarios”.[22] Otros hicieron mención a la pérdida de legitimidad del gobierno chino o que la cuarentena era una violación a los derechos fundamentales del hombre.[23] En su columna en el Project Syndicate, el exprimer ministro australiano y líder del Partido Laborista, Kevin Rudd, expresó que una respuesta como la que China está dando solo es posible en un régimen en el que el líder “ejerce un poder político casi absoluto sobre el Estado”.[24] Éxito y fracaso, desde estas perspectivas, solo serían posibles bajo un régimen autoritario.

La actual epidemia es, quizás, el mayor desafío al que se ha enfrentado Xi Jinping desde que se convirtió en secretario general del Partido Comunista Chino en noviembre de 2012. Pero nada más aventurado que afirmar un derrumbe en la legitimidad y autoridad del gobierno chino: Occidente elabora una interpretación de lo que sucede en China sin cuestionar su propia matriz conceptual. En este sentido, no tiene en cuenta el factor cultural lo cual hace que desconozca la forma de concebir e interpretar el mundo tal como lo hacen los chinos.

Existe en China rastros de una matriz milenaria que se mantiene vigente en ciertos principios culturales y de organización social. Pese al contacto con las ideas de la modernidad occidental, esa matriz no se vio debilitada y ciertos elementos que componen la escala de valores ético y morales que son herencia cultural del confucionismo impregnan los más diversos ámbitos, pudiendo observarse su influencia tanto en el entorno político como en el económico y social. Armonía, disciplina, orden social y autoridad moral son algunos de los fundamentos y valores que encontramos en el Camino del Gran Estudio.[25] Promovidos actualmente por el Estado-Partido, estos preceptos adquieren el carácter de “ideal moral que, desde el Estado, impone categorías de pensamiento y de clasificación de la realidad” [26] a la sociedad china, que, impregnada por dicha lógica, prioriza el bien común sobre los intereses individuales.

Otro factor que debemos tener presente es la percepción del riesgo que posee esta cultura, distinta en su concepción a la que asume el pensamiento europeo-occidental. El pensamiento sociopolítico chino se caracteriza por su aversión a luan (desorden, caos),[27] cosmovisión que se halla implícita en el texto clásico de Sunzi, El arte de la guerra (Sunzi bingfa). De los cinco elementos descriptos que determinan el éxito o fracaso ante una situación dada, nos interesa recatar la noción de orden (fa).

La prudencia aconseja a los líderes chinos a actuar con cautela; en este sentido, una correcta evaluación del riesgo los llevará a ejecutar una estrategia de gestión tendiente a evitar cualquier acción que provoque un daño o pérdida o, lo que es igual, a evitar el caos (luan) para mantener el orden (fa).

Cuando el XVIII Congreso del PCCh planteó que China aspiraba, en el corto plazo, llegar a ser una sociedad moderadamente próspera y convertirse, para el centenario de la Revolución, en un país socialista moderno, desarrollado, fuerte y armonioso, los líderes chinos estaban efectuando un cálculo del riesgo.

Es justamente la capacidad de gestionar riesgos lo que le confiere legitimidad al Partido e impide que la confianza en la capacidad y competencia de la gobernanza se vea socavada.[28] En el plano doméstico, el PCCh debe desdoblar esfuerzos permanentemente por neutralizar los más variados obstáculos que puedan frenar el crecimiento económico de China impidiendo una equitativa redistribución de la riqueza, bajo el riesgo de que se produzca una alteración del statu quo político del país.[29] Entre dichos riesgos, podemos agregar, se encuentra la epidemia que azota a la Nación del centro. Existe, por consiguiente, en la cosmovisión de los gobernantes y la sociedad la idea de un buen gobierno —respetuoso del orden natural, ceñido al mandato celestial y responsable ante el pueblo— encargado de velar por “la creación de riqueza económica y el mantenimiento de la estabilidad, el orden y el vigor moral en la sociedad”.[30]

En el ámbito internacional, China se enfrenta a diversos factores que pueden alterar el orden mundial armónico, justo y equitativo que tanto anhela. Algunos párrafos atrás señalé que el principal desafío que presenta el actual escenario geopolítico mundial es una tendencia hacia la desglobalización y la sensación de incertidumbre que generan el aislacionismo y el proteccionismo económico. Para conjurar estos escenarios, el mismo análisis de riesgos le permite a China ponderar las oportunidades que emanan de la actual crisis y asumir con determinación convertirse en líder en la respuesta global a la Covid-19.

A pocos días de ser notificada la novel enfermedad, los científicos chinos pudieron aislar y secuenciar el virus que la provoca. Lo más notorio ha sido, algo bastante inusual para el escenario geopolítico actual, la decisión de China de compartir su hallazgo con la comunidad científica internacional demostrando que está resuelta a ejercer el rol de actor globalmente responsable. Asimismo, una vez resuelta la fase crítica de la enfermedad en su propio territorio, anunció la decisión de enviar a otros países personal médico como así también equipos de cuidados intensivos, productos de protección médica y otros elementos.

El liderazgo mundial de Estados Unidos en el mundo de posguerra se caracterizó por su capacidad y disposición para incidir y coordinar respuestas globales ante las distintas crisis. En la medida en que el país del norte se fue apartando del proceso de globalización e hizo un claro abandono de las instituciones del multilateralismo, este espacio comenzó a ser ocupado por nuevos actores emergentes, el más visible de ellos, China. Una vez superado el período más crítico del actual brote epidémico, y a medida que vaya estabilizándose macroeconómicamente, el gigante asiático será fundamental para determinar en qué dirección se dirige el mundo.

Los líderes chinos han decidido no traicionar sus principios y valores, forjados en el concepto de “Sueño Chino”. En lo interno, la apuesta pasa por la realización de un país próspero y fuerte, el rejuvenecimiento de la nación y el bienestar de las personas. En el plano externo, la Nación del centro busca recuperar el antiguo lugar que alguna vez exhibió en el orden mundial, para lo que requiere de relaciones estables y fuertes entre Estados. Y eso es solo posible en un marco de beneficio mutuo en la comunidad internacional. Y, como ponderan los líderes de aquel país, con China impulsando la construcción de una “comunidad de destino para la Humanidad”.[31]

El gigante asiático enarbola las banderas de la cooperación, la paz y el multilateralismo para, de esa forma, situarse como referente mundial. La élite china no ignora que, en la medida que la Casa Blanca haya decidido arriar definitivamente esas banderas, su posición en el tablero político global y la competencia por convertirse en el nuevo hegemón mundial se verá fortalecida, y a la vez será observada como un faro por otros países. Por eso sostengo, el coronavirus no es el fin de la globalización, aunque si estaremos ante una reconfiguración del orden global, una vez que la actual crisis haya podido ser mitigada.

[1] Acrónimo del inglés coronavirus disease 2019.

[2] Al momento de hacer las correcciones finales al presente artículo, declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

[3] FEFFER, J. (2020, 4 de marzo).

[4] Noticias ONU (2020, 4 de marzo​​).

[5] BBC News Mundo (2020, 2 de marzo).

[6] Noticias ONU (2002, 4 de marzo).

[7] Ibid.

[8] CEPAL (2017,15 de mayo).

[9] Para una mejor comprensión de este concepto, véase RAMÓN BERJANO (2018; 2019) y Dussel Peters (en SCHUSTER, 2018) entre otros.

[10] Síndrome respiratorio agudo severo, por su sigla en inglés.

[11] FEFFER (op. cit.).

[12] BENACH, J. (2020, 10 de marzo).

[13] De acuerdo al Informe sobre la desigualdad mundial 2018, el 1% de individuos con mayores ingresos en el mundo recibió una proporción dos veces más grande del crecimiento que el 50% de menores ingresos desde 1980.

[14] Infobae (2020, 15 de enero).

[15] El cohete a la luna (2019, 17 de noviembre).

[16] Si bien no ha sido probado, la administración estadounidense da por un hecho los vínculos de estas empresas con el Ejército Popular chino y, en el caso de Huawei, que ésta ha realizado espionaje industrial y cometido fraude bancario en perjuicio de los Estados Unidos.

[17] China Daily (2020, 12 de marzo).

[18] Financial Times (2020, 15 de febrero).

[19] South China Morning Post (2020, 5 de marzo).

[20] La frase hace un juego de palabras con la palabra “pandemónium”.

[21] The New York Times (2020, 20 de febrero).

[22] The Atlantic (2020, 22 de febrero).

[23] La Nación (2020, 7 de marzo).

[24] Project Syndicate (2020, 8 de febrero).

[25] Uno de los cuatro libros seleccionados por Zhu Xi durante la dinastía Song como una introducción fundamental para el confucianismo.

[26] ALCALDE, M. y F. GUANUCO (s/f).

[27] GOLDEN, S. (2010).

[28] Para el confucianismo, el cosmos como un todo armónico que, de ser trastocado, genera severas consecuencias. Esta doctrina enfatiza en los gobiernos virtuosos y, por consiguiente, en las cualidades y éticas de los gobernantes. En este sentido, un mal gobierno que conduce a su pueblo a la ruina estaría contrariando el orden natural y estaría violando el mandato celestial. Esto lleva a la pérdida de legitimidad por parte del gobernante.

[29] Los riesgos internos que señala GOLDEN (Ibid.) cubren un amplio y variado espectro, que va desde el desigual desarrollo entre regiones, a los conflictos étnicos, la escasez de recursos, etc.

[30] CORNEJO, R. (2006: 289).

[31] La concepción fue elevada por China a categoría constitucional en la enmienda de octubre 2017.