Tensiones y fuertes acusaciones en el primer encuentro entre China y EE.UU. en Alaska
Foto: La vanguardia
Con el objetivo de normalizar las relaciones entre Estados Unidos y China, altos funcionarios de ambos países sostuvieron una reunión en Alaska para tratar los temas de agenda que les concierne. Se trata del primer encuentro oficial desde que Biden es presidente. Sin embargo, la tensión fue escalando durante la jornada y hubo fuertes acusaciones.

La realización de esta primera reunión el día jueves en la ciudad de Anchorage en Alaska, había despertado gran expectativa en el mundo ya que se trataba del primer encuentro oficial entre China y Estados Unidos desde que Joe Biden asumió como presidente. Actualmente, China y Estados Unidos están pasando por su peor momento diplomático de los últimos años, y el objetivo de este encuentro consistía en amainar las tensiones existentes para encauzar su relaciones bilaterales hacia puertos más sanos y estables.

Teniendo en cuenta la situación crítica que atraviesa el mundo por la pandemia, cuyos efectos negativos en términos políticos, sociales y económicos todavía resultan difícil de definir, no resulta sorprendente que muchos del resto de los países deseen que las dos principales potencias del mundo lleguen a puntos de entendimiento en común, ya que cualquier crecimiento económico a nivel global que se pueda llegar a esperar, necesariamente va a depender de la performance de ambos países.

Sin embargo, el frío por las bajas temperaturas de la ciudad de Alaska, contrastó fuertemente con el clima caldeado de fuerte tensión que se experimentó en el primer encuentro que sostuvieron los representantes de China y Estados Unidos.

Por la parte de China estuvieron presentes el responsable del Partido Comunista chino para Asuntos Exteriores, Yang Jiechi, y el ministro de relaciones exteriores, Wang Yi. En representación de Estados Unidos estuvieron presentes el secretario de Estado, Antony Blinken, y el asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan.

Antes de que se realizara el primer encuentro a puertas cerradas, la delegación de cada país debía comentar brevemente en una rueda de prensa los temas de discusión que pensaba presentar en el encuentro, además de saludar y dar las gracias que son conocidas formalidades en encuentros de este tipo.

El primero en hablar fue Antony Blinken, quien no desaprovechó la oportunidad para generar un clima de tensión en la sala con sus primeras palabras. El secretario de Estado aseguró que “vamos a discutir nuestras profundas preocupaciones con las acciones de China, incluso en Xinjiang, Hong Kong, Taiwán, los ataques cibernéticos contra Estados Unidos, la coerción económica de nuestros aliados”.

Durante su intervención, Blinken bregó por la defensa de un “orden mundial basado en reglas”, y expresó su “profunda preocupación” por las acciones de China que intentan crear un “mundo mucho más violento e inestable”, advirtiendo finalmente que, pese a las acciones violentas de China en algunas regiones de su país, “tener fuerzas no es lo mismo que tener razón”.

Inmediatamente los rostros de los que conformaban la delegación china fueron adquiriendo gestos más adustos y serios, mostrando su total desencanto por las palabras de Blinken, quien ya había realizado fuertes acusaciones en una visita que realizó por Tokio y Seúl, en busca de idear una estrategia en común contra China con sus aliados asiáticos.

Derecha: asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan. Izquierda: Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken. Foto: France24.

El que se encargó de ofrecer una respuesta por parte de China fue Yang Jiechi quien, en primer lugar, dijo que esa “no es manera de recibir a un invitado”, señalando después la hipocresía de Estados Unidos, sosteniendo que “sobre los ataques cibernéticos, permítanme decir que, ya sea la capacidad de lanzar ataques cibernéticos o las tecnologías que podrían implementarse, Estados Unidos es el campeón en este sentido”.

Además, también aclaró que “el mundo occidental no representa la opinión pública global”, y que “cuando se hable de valores universales o de la opinión pública internacional por parte de Estados Unidos, esperamos que la parte estadounidense piense si se siente tranquila al decir esas cosas, porque Estados Unidos no representa al mundo, solo representa al Gobierno de Estados Unidos”.

Jiechi finalizó su intervención diciendo que “EE.UU. usa su fuerza militar y hegemonía financiera para llevar a cabo una jurisdicción de brazo largo y reprimir a otros países. Abusa de las llamadas nociones de seguridad nacional para obstruir los intercambios comerciales normales e incitar a algunos países a atacar a China”

Con el clima ya caldeado, los periodistas empezaron a retirarse para que las delegaciones dieran inicio a su encuentro, teniendo en cuenta que se había pactado que habría solamente una intervención por país de solo dos minutos. Es por ello que muchos se sorprendieron enormemente cuando Blinken soltó de improviso un “esperen un momento” para replicarle a Jiechi, reconociendo que si bien Estados Unidos no es perfecto, al menos sí es una sociedad abierta donde los problemas no se “meten debajo de la cama”.

Los chinos, enojados ante esta respuesta inesperada que rompía con los protocolos pactados, no quisieron quedarse sin decir la última palabra, y calificaron el tono de Blinken como “condescendiente”.

Si el objetivo de la reunión era calmar las hostilidades entre Estados Unidos y China, este primer encontronazo no parece que sea la mejor forma de empezar. Sin embargo, según otras fuentes oficiales, una vez que los funcionarios de ambos países estuvieron en su reunión privada, los humores cambiaron ligeramente y abandonaron el tono beligerante, aunque almorzaron por separado.

Ambos países ya habían anunciado que no pensaban hacer una declaración en conjunto final, así como tampoco ningún acto social a realizar entre las tres reuniones previstas en la agenda (de tres horas cada una).

Tal parece que Biden no pretende alejarse de la política exterior hacia China heredada por la administración Trump. China por su parte, insiste en normalizar las relaciones bilateral y a abandonar los prejuicios que impidan trabajar en conjunto, en pos de ayudar al crecimiento económico del mundo, aunque ello no implica ceder ni un ápice en los reclamos legítimos de no interferencia en sus asuntos internos. Ambos países proponen una concepción muy distinta de cómo debe ser la nueva gobernanza a nivel mundial postpandemia. Habrá que esperar para ver cúal de las dos se termina imponiendo por sobre la otra.