Una novela china
Foto: Mil Gotas
Reseña de la novela “Amo a mi mamá” de Chen Xiwo, el controvertido novelista chino, publicada por Mil Gotas

No es casual que sea Mil gotas -que toma su nombre de la novela homónima de César Aira- la editorial que publica en español, Amo a mi mamá, la novela del escritor chino Chen Xiwo. En la simpleza del título, en la llaneza de esa frase primaria se cifra un parentezco ineludible con Cómo me hice monja, la icónica novela de César Aira publicada en 1993.

El episodio en el que niño César Aira sin saber leer todavía escribe insultos en su cuaderno y así termina enfrentándose a la maestra nos permite pensar en el título de la novela Chen, tan parecido a las frases con las que se aprende a leer y a escribir en la lengua materna o en una lengua extranjera. “Amo a mi mamá” es lo primero que podemos decir, escribir. En esa frase se condensa  la norma de las normas. Amor y madre van juntos. Sin embargo, hoy en día sabemos mejor que nunca que en esa oración también se condensa un orden social rígido, de roles estrictamente asignados, según los cuales es la mujer quien tiene que encarnar ese amor maternal, ese amor filial del que habla el título. Pero Chen Xiwo también nos deja en claro que la frase que le da título también puede volverse una cáscara vacía. En esta oscilación, entre el amor genuino y el deber maternal, el desamor y la falta;  transcurre la novela.

Como el título permite anticipar, el relato se centra en la relación entre un hijo discapacitado y una madre sola que debe hacerse cargo de él. Pero cuidado. No estamos ante la historia  edificante de esa vida sacrificada pero ejemplar: el episodio que Chen nos cuenta es el del interrogatorio al que es sometido el joven discapacitado, acusado de haber asesinado a su madre. En el comienzo de la novela la madre está muerta y el hijo acusado de asesinato. El narrador en muchos momentos del texto es el detective de la policía quien, en una batalla constante con su propia conciencia y habilidades profesionales,  se topa con un caso que lo lleva a cuestionarse reglas sociales básicas, indiscutibles, naturalizadas.

El libro se organiza en tres partes: “Él: el caso judicial”, “Tú: el interrogatorio” y “Yo: la confesión”. En todas ellas hay muchos momentos en los que la dialéctica de la organización social y nuestra constitución individual, lleva las riendas del relato.Así comienza “Yo: la confesión”: “¡Qué bueno es saber empatizar con los demás! Mientras se hace ese acto de caridad uno se convierte en buena persona. Esa persona está siempre feliz. Pero ese uno no soy yo. Yo soy un convicto. Aunque la ley me perdonara, aunque me liberaran, no serviría de nada. Estoy cautivo de mí mismo. No puedo perdonarme. Este mundo es muy tramposo. Por eso, ellos han aprendido a resolver los problemas con mucha audacia. Ellos están incluso dispuestos a perdonar un crimen. Con que apenas estés decidido a confesar, serás perdonado. En realidad, ellos saben que en el fondo de su corazón habita el mismo pecado, y tienen miedo; recurren al perdón para deshacerse de él y salir del paso.”

En el breve y orientativo “Prólogo” de la novela escrito por Guille Bravo  -uno de los creadores de la editorial con sede en Beijing que publica esta traducción- encontramos información sobre el autor Chen Xiwo y su producción literaria. Allí nos enteramos que casi todas sus obras están prohibidas en China y que se educó en Japón, donde adquirió el gusto por los mangas y la literatura que tensa la cuerda de la experimentación sexual. Trabaja como profesor de literatura comparada en Fuzhou y toda su labor transcurre al margen del circuito literario chino. En una entrevista, cuando se le preguntó cómo surgió esta novela el autor contesto: Fue pensando en cómo surgen las normas. En ese sentido, Amo a mi mamá es una novela impredible, breve y dinámica que le hace una pregunta clave a una sociedad de tradición confuciana y obtiene como respuesta recorridos diferentes de los que esperamos.