¿Una Ruta de la Seda Espacial? China profundiza su proyección hacia el espacio exterior
Foto: Administración Espacial Nacional China
Desde hace algunos años, la República Popular China ha profundizado su política de protagonizar la investigación y el conocimiento en el espacio exterior. La visita a la cara oculta de la luna, la puesta en funcionamiento de una Estación Espacial Internacional propia y la llegada a Marte son parte de un proyecto integral. ¿Cuál es el rol de la Estación Espacial en Neuquén? ¿Se viene una Ruta de la Seda espacial?

El viernes pasado, la Administración Espacial Nacional de China confirmó que, para fines de este año, completará el envío de seis nuevos astronautas en dos naves espaciales. Este anuncio forma parte de un plan que comprende también el lanzamiento de dos módulos de laboratorio para la estación espacial, dos naves espaciales tripuladas y dos naves espaciales de carga.

Según informó el ingeniero aeroespacial chino y diseñador jefe del programa Shenzhou, Zhou Jianping, la tripulación que llegó a la Estación Espacial china en octubre de 2021 en la nave Shenzhou-13 ha completado todas las tareas planificadas hasta la fecha, y se espera que regresan a tierra a mediados de abril del corriente.

Los módulos de laboratorio, a su vez, transportarán una gran cantidad de dispositivos de experimentación espacial que abarcan áreas como las ciencias de la vida, la biología, ciencias de materiales, ciencias de combustión, ciencia de los fluidos en microgravedad y física básica.

 

La Estación Espacial Tiāngōng. La gran apuesta de China por el espacio y la reconfiguración de la geopolítica espacial

Cabe recordar que la puesta en funcionamiento de una Estación Espacial con fines de investigación tuvo un hito importante en abril de 2021, cuando la República Popular China lanzó al espacio el módulo central Tiān Hé (“Armonía de los Cielos”) de su Estación Espacial Tiāngōng (“Palacio celestial”). De ese modo, el gigante asiático inició una serie de lanzamientos con el objetivo de completar la construcción de una Estación Espacial propia a finales de 2022, la cual se espera que esté en pleno funcionamiento en 2023.

Una Estación Espacial es una construcción artificial diseñada para hacer actividades en el espacio exterior, ya sea con fines de investigación, experimentación, inteligencia, etc. Por su diseño, las estaciones espaciales están destinadas a orbitar la Tierra (o el cuerpo celeste donde hayan sido puestas en órbita).

Hasta esa fecha, existía una sola Estación Espacial con presencia humana permanente, la llamada “Estación Espacial Internacional” (EEI). La misma fue puesta en funcionamiento en el año 1998, y se encuentra bajo la co-administración de Estados Unidos, Rusia, Japón y varios países europeos. China solicitó reiteradamente ser parte de la EEI, pero su participación fue vetada en varias oportunidades por los Estados Unidos.

Si bien la Estación Espacial proyectada por China tendrá solo un quinto del tamaño de la EEI, su puesta en funcionamiento representa una ampliación de los Estados con presencia en el Espacio Exterior. A su vez, indica que China ya cuenta con la tecnología para poner en órbita una Estación Espacial individualmente, algo que hasta ahora solo habían conseguido los Estados Unidos y la Unión Soviética.

A su vez, se proyecta que la Estación Espacial Internacional tenga una vida útil de 25 años, por lo que se espera que quede obsoleta y tenga que ser reentrada a tierra en 2024, aunque la NASA pretende extender su vida útil de cuatro a seis años más (2028 o 2030).  Para ese momento, la estación China sería la única orbitando la tierra con presencia humana permanente.

Una de las astronautas chinas tripulantes de la Estación Espacial dictando un curso entre estudiantes de distintas universidades chinas (Xinhua).

El hecho de que China ponga en funcionamiento una Estación Espacial representó una reconfiguración de la actual situación geoespacial. Si bien distintos analistas consideran a la EEI como un ejemplo de multilateralidad en el espacio exterior, la realidad es que la EEI actualmente está bajo el mando de las potencias del G7, con una supremacía de la NASA en el financiamiento y en la toma de decisiones, y en la capacidad de vetar la posibilidad de que otros países emergentes y en desarrollo participen de la misma. De hecho, Rusia ya anunció que no continuará su participación en la EEI a partir de 2024.

China, en tanto, ha anunciado que abrirá su Estación Espacial no solo a los países emergentes y en desarrollo para la realización de experimentos e investigaciones conjuntas, sino que permitirá a la Organización para las Naciones Unidas proponer proyectos para realizar en la Estación. En este sentido, el 28 de mayo de 2019, la Agencia Espacial Tripulada China (CMSA) y la Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA) anunciaron los primeros seis experimentos internacionales que volarán en la próxima estación espacial china permanente.

 

La apuesta de China por el espacio exterior

La puesta en funcionamiento de la Estación Espacial china expuso que la reconfiguración geopolítica a nivel internacional trasciende los aspectos meramente económicos y políticos, abarcando nuevas dimensiones como lo tecnológico, lo digital y, en este caso lo espacial. La disputa por la multipolaridad, a su vez, se desenvuelve desde los océanos (donde China ha proyectado la Ruta de la Seda Marítima), el Polo Norte y Océano Ártico, la Antártida, y ahora también el espacio ultraterrestre.

En los últimos años, China ha acelerado la carrera espacial, obteniendo grandes resultados. La investigación y el desarrollo tecnológico sobre espacio exterior ha adquirido gran protagonismo dentro de los objetivos de desarrollo de China, y el país ha destinado una enorme cantidad de recursos en diversos proyectos estratégicos.

En este sentido, en los últimos años la República Popular ha hecho varios alunizajes, motorizando proyectos de investigación en el satélite terrestre. Por ejemplo, el alunizaje de la nave Chang´e-5 en la cara oculta de la Luna (se trató de la primera misión que tomó muestras del suelo lunar en los últimos 40 años), la plantación y germinación exitosa de arroz, algodón y otras semillas en la Luna y la proyección de la construcción de una Estación Lunar Científica Internacional en conjunto con Rusia.

En febrero de este año, China publicó en línea la información sobre el cuarto lote de muestras lunares traídas a la Tierra por su misión Chang’e-5. Cómo resultado de las muestras obtenidas, científicos chinos detectaron la evidencia de agua en la Luna.

A su vez, China publicó recientemente el Libro Blanco “Programa espacial de China: una perspectiva para 2021”, donde se señala que China explorará las regiones polares de la luna y está considerando un alunizaje tripulado en los próximos cinco años.

Por otra parte, en julio de 2020, China envío en misión de exploración a Marte la sonda “Tianwen-1”, con el objetivo de explorar la superficie marciana y determinar la existencia de vida (actual o pasada) y el grado de habitabilidad del planeta, así como también examinar su geología, la composición de su superficie y su estructura interna.

A su vez, en febrero pasado, China lanzó el cohete Gran Marcha-8, el cual colocó 22 satélites en el espacio estableciendo un récord nacional de la mayor cantidad de artefactos transportados por un solo vehículo. Estos satélites se utilizarán principalmente para servicios comerciales de teledetección, monitoreo del medio ambiente marino, prevención de incendios forestales y mitigación de desastres. Diseñado y construido por la Academia de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento de China, una subsidiaria de la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China, el cohete llena un vacío en la capacidad de lanzamiento de China a la órbita sincrónica solar y satisface las necesidades de más del 80 por ciento de misiones de lanzamiento para naves espaciales de órbita media y baja.

Como parte de su política espacial, China también impulsó el sistema de geoposicionamiento BeiDou, el cual se realiza cumpliendo los estándares de las organizaciones internacionales y permite evadir los geoposicionadores estadounidenses (GPS) y europeos (Galileo).

Gran parte de las actividades espaciales de China son monitoreadas desde la Estación del Espacio Lejano, ubicada en las cercanías de la localidad de Bajada del Agrio (en la provincia de Neuquén), inaugurada en 2017. La Base depende directamente de la Agencia Nacional China de Lanzamiento, Seguimiento y Control General de Satélites (CLTC), con el objetivo de mejorar la observación del espacio lejano.

 

¿Hacia una Ruta de la Seda Espacial?

Todos estas acciones se enmarcan una agudización de las disputas geopolíticas, en el marco de una tendencial transición hacia la multipolaridad, donde China tiene cada vez mayor presencia y protagonismo. En este marco, China podría avanzar en la construcción de un sistema de relaciones en materia espacial que incorpore el espíritu de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, es decir, abierto, cooperativo y multilateral.

Recientemente, el subdirector de la Administración Nacional del Espacio de China, Wu Yanhua, señaló que la estrategia china hacia el espacio exterior se realiza en coordinación con las Naciones Unidas y generando lazos de colaboración con países emergentes y en desarrollo. En este marco, el funcionario destacó la firma de un acuerdo de Constelación de Satélites de Detección Remota con los países del BRICS, el lanzamiento del Satélite Oceanográfico China-Francia y del Satélite Experimental de Monitoreo Electromagnético China-Italia.

Concretamente, el fortalecimiento de la estrategia espacial china ha posibilitado mejorar la capacidad de la comunidad internacional para la prevención y mitigación de desastres, y los datos proporcionados por los satélites chinos de teledetección Gaofen-1 y Gaofen-6 se han ofrecido de forma gratuita 550.000 veces en 158 países y regiones. El país, a su vez, también ha proporcionado datos de los satélites meteorológicos de Fengyun a 121 países y regiones.

Por otra parte, según trascendió en algunos medios de comunicación, China busca crear una zona económica entre la Tierra y la Luna hacia 2050 que podría generar 10 billones de dólares al año. Si esto se efectiviza, podríamos estar hablando de una extensión de la Ruta de la Seda Marítima y Terrestre hacia lo espacial, una iniciativa coordinada bajo los estados miembro de Naciones Unidas, en un momento donde aumentan cada vez más las iniciativas privadas en el espacio exterior.