Yasukuni: el santuario que enfrenta a China y Japón
Foto: Xinhua
La ofrenda floral que envió el Primer Ministro japonés al santuario sintoísta reabrió un conflicto latente entre ambos países.

El último sábado 17 de octubre el nuevo premier japonés Yoshihide Suga envió una ofrenda floral ritual al santuario Yasukuni de Tokio. La ofrenda del árbol de masakaki, enviada por Suga durante la primera jornada del festival de otoño, repite un gesto también usual en su predecesor Shinzo Abe. Esta acción por parte de los gobiernos japoneses es motivo de fricciones diplomáticas entre Japón y China; y entre Japón, China y Korea.

Yinan He, una experta en esta problemática, señala la visita que el Premier Junichiro Koizumi realizó al santuario el 13 de agosto de 2001 como un hito importante en esta disputa.  El problema de las visitas oficiales al santuario sintoísta es que Yasukuni constituye para China un símbolo de la agresión imperialista japonesa. En su “Libro de las ánimas” el santuario rinde homenaje a 14 criminales de guerra condenados por crímenes de clase A de la Segunda Guerra Mundial entre los que se encuentran los responsables de la Masacre de Nanjin en la que fueron asesinados más de 300.000 chinos.

China considera que la visita al santuario Yasukuni es un acto erróneo que daña los fundamentos políticos de la relación sino-japonesa, así como los sentimientos del pueblo chino y demás pueblos asiáticos víctimas del imperialismo japonés.  Yinan He explica que este conflicto encierra una disputa por la interpretación de la guerra, de la historia bélica entre China y Japón que surge en la década del 80, cuando la mayoría de la población China carecía ya de una experiencia directa de la guerra y en un momento en el que los dos países habían desarrollado amplios lazos sociales y económicos. Este reposicionamiento tiene motivos ideológicos y lo realizan las elites gobernantes con propósitos instrumentales. Justamente, en la década del ’80 ocurre la llamada “controversia de los libros de texto”: a instancias de los ministros de educación, se modificó en los libros escolares japoneses el vocabulario con el que se explica la guerra Sino-Japonesa. Cambiaron el término “invasión” por “avance”, por ejemplo, así como también suavizaron el relato de los excesos cometidos por Japón en la Segunda Guerra Mundial. Esto desató una tormenta política en Japón que rápidamente llegó a oídos de China y Corea del Sur, quienes elevaron quejas formales al respecto.

La respuesta de Japón suele ser un pedido público de perdón, acción que ha sido tanto avalada como cuestionada por la comunidad internacional: si el pedido de perdón es reiterado y se refiere a una misma agresión inflingida una y otra vez ¿es útil para zanjar las diferencias planteadas? ¿cuáles son los límites del perdón en relaciones internacionales?

La situación es compleja porque del lado japonés hay múltiples asociaciones que se pronuncian públicamente a favor de honrar el santuario: por ejemplo “Conferencia de Japón”, “Asociación de familias dolidas por la guerra de Japón”, “Asociación Central de Santuarios Sintoístas”  “Asociación de Parlamentarios que visitan el Santuario Yasukuni juntos”. La mayor parte de los directivos de estas asociaciones son también miembros del PLD (Partido Liberal Democrático, que domina la vida política de Japón desde el fin de la Segunda Guerra) y ocupan cargos importantes en el gobierno. Esta doble pertenencia de los principales funcionarios del gobierno japonés determina las dicotomías que se dan en torno a Yasukuni: valorar el significado local del santuario supone deteriorar las relaciones regionales, la política doméstica se pone por sobre la política internacional, el pedido de perdón no está acompañado de una política de memoria acorde, con lo cual es difícil conciliar el arrepentimiento nacional con la revalorización del ser nacional. Por supuesto, tanto China como Corea se han pronunciado en reiteradas oportunidades en contra de que continúen las visitas de los Primer Ministro al santuario, llegando incluso a cancelar visitas oficiales a Japón.

Como dijimos al comienzo de la nota, esta semana se repitió la acción de reconocimiento del santuario por parte del recién nombrado ministro japonés. La reacción China no se hizo esperar. El domingo 18 se difundieron las declaraciones del vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian: “La acción negativa de Japón muestra una vez más su actitud errónea hacia su historia de agresión”. Luego instó a Japón a cumplir seriamente sus declaraciones y compromisos de hacer frente y reflexionar sobre su pasado de agresión imperialista para ganarse la confianza de sus vecinos asiáticos.